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Oración a Jesucristo, dime tu nombre

Así habló a su amigo Jesucristo mi amigo Vicente, así y más publicado lejos en otros lugares. Ahora aquí a Nicodemo le gustó la súplica, la escribirá resumida en el blog, porque quiere decirla y prestarla a mucha más gente.

Como tiempo atrás aquí mismo, María Magdalena cantó estos versos a su amado recién encontrado en el camino de la vida.

rouaultPregunté quién tú eras
dónde moras amigo
a dónde tú vas
y si me amas.
Soñé tu llamado
imaginé qué yo hago
voy ahora contigo
sé que te amo.

A algunos que preguntaron por Jesús de Nazaret, por los evangelios, si existió realmente, quién es, dónde vive; nosotros queremos ver a Jesús, cómo creer en él, cuál será ahora su mensaje...

El mismo Jesús también preguntó a sus seguidores en varias ocasiones, qué pensaban de él, si su vida y su palabra les convencieron, si pensaban abandonarlo; qué dicen ustedes de mí, quién soy yo para mis discípulos.

Unos y otros retoman la palabra y le rezan así, soñando que él les escucha y comprende a todos:

“Quiero conocerte como tú eres.
Dime, Jesús, tu nombre verdadero.
No he de buscarte, Tú me buscas, Tú no estás lejos.
Tú tan grande y tan conmigo, tan Dios y tan humano.

Tú, mi alegría, mi ansia sin descanso,
mi llaga más íntima, mi destino inevitable y deseado, mi meta y fundamento;
mi premio, y mi perdón, mi verdad; la vida por quien vivo y mi camino,
mi fe y mi confianza; mi fuerza, mi roca, mi refugio y mi defensa;
mi verdad también, la clave de mi historia;

Tú mi oficio y mi tarea, mi norma única y mi ley,
el aire que respiro;
la luz con la que mis ojos ven el mundo y su grandeza;
el corazón con el que amo el mundo y su miseria;
la esperanza por la que lucho para el mundo y mis hermanos.

Dime, por fin, tu nombre deseado;
porque repito mil nombres y nunca es del todo el tuyo.
Dime tu nombre verdadero, ser de mi ser, dímelo Tú, para que yo se lo diga a todos,
a los que se mueren de ganas y buscan y no saben qué;
a los que sienten la muerte en el corazón mismo de la vida y piden prodigios, demostraciones; a los que te arrinconan, pieza de museo o ilustre personaje histórico; a los que te reducen a una idea.
Quiero conocerte como tú eres, Jesucristo, dime tu nombre”.

* “Santo rostro”, Georges Rouault (1871-1958).

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