La paz de Cristo
Una pequeña meditación sobre la paz del Evangelio, la paz que Cristo quiso comunicar a los que creyeron en él de verdad, “Al irme les dejo la paz, les doy mi paz, no como la da el mundo. No se angustien ni tengan miedo”. Paz es un mensaje principal y el mejor deseo de Jesús de Nazaret.
¿De qué paz se trata? No de una paz que sólo fuera calma y tranquilidad individual, como apatía; ni se trata de una paz cual un freno o una violencia controlada.
La Paz de Cristo es serenidad y armonía interior, por una certeza y una confianza sentidas; es como un aliento y brisa suave que sosiega y mueve a la vez. ¿En qué se apoya esa paz diferente? ¿Cómo sentirla yo mismo o darla a otras personas que la buscan?
Cuando Jesús se acercaba a una población o entraba en una casa, cuando lo requerían por algún problema, su saludo fue siempre: “Shalom, Paz a los de esta casa ... Mi paz es bendición y consuelo, Dios les guarde, él está con ustedes, créanme, no teman”.
“Vengan a mi los que están cansados y agobiados por tanto trabajo y cargas, y yo les daré respiro. Yo soy paciente y tengo un corazón humilde, así encontrarán su descanso”.
Una paz que resulta de la acogida y comprensión, del perdón sincero, que es todo lo contrario de la condena y la exclusión, no será hoguera ni inquisición. “Yo no te condeno, vete en paz”. Una paz así es evangelio, buena noticia completa, y más en un mundo como el nuestro tan generador de impaciencia y de agresividad.
La “buena noticia”, el corazón del evangelio del Maestro de Nazaret, es: ”No teman, sepan que yo he vencido a este mundo”. Por la muerte vencida, la paz de Cristo comunica a un tiempo amor, fe y esperanza, inseparable trilogía, de donde brotará una colección de bondades y virtudes en unas personas nuevas para un mundo nuevo.
“Estando unos discípulos atemorizados y encerrados al anochecer en la casa, vieron de pronto a Jesús que se presentó en medio y les saludó así ¡Paz a ustedes! Y les mostró las manos y el costado repitiendo ¡Paz a ustedes!”
“No teman”, es el mensaje increíble de un crucificado, repetido con firmeza en medio del desespero, para sanar cualquier desánimo y liberar de toda culpa ... El temor encierra, mas la paz de Cristo abre y libera.
“Vayan y anuncien la paz y el perdón de los pecados a todas las gentes de todas las naciones.”
Todos sus seguidores deberán tomar caminos de no violencia, colaboradores en causas de paz y de justicia, en muchos pueblos y regiones de nuestra tierra. Paz para todos.
"Señor, concédenos Serenidad
para aceptar las cosas que no podemos cambiar,
Valor para cambiar las que sí podemos,
y Sabiduría para distinguir la diferencia"
(Oración de la serenidad, de Reinhold Niebuhr)
* “Cristo de San Damiano”, detalle, Icono de Cristo glorioso, siglo xii, Asís (Italia). El Rostro apacible de Cristo que llama a la confianza.
Tags: evangelio paz
Meneame |
del.icio.us


