Historia de una flor, a la Magdalena
Cuentan que María Magdalena fue la primera en reconocer a Jesús resucitado en el huerto junto al sepulcro, la primera en hablarle y contar todo a los demás discípulos, también a Nicodemo.
Muchas flores de aquel jardín fueron testigos del acontecimiento, como el rocío mañanero y la brisa suave, en ese bendito 'día primero' de la semana.
La delicada “Historia de una flor” que traigo al blog de nicodemo y dedico a la Magdalena, es un lindo relato escrito por mi amiga Dened, una experiencia de amistad y felicidad, testigo de tanta luz y belleza.
“Apenas nacía el alba cuando ella ya estaba allí. Mientras, yo disfrutaba de ese baño fresco de rocío que la noche bondadosamente me había regalado. La joven lloraba desconsoladamente, sólo de vez en cuando levantaba la mirada hacia el sepulcro vacío. Sentí pena por ella, mas no podía ayudarla, a fin de cuentas yo soy tan solo una flor en este huerto y nada entiendo de los conflictos humanos. Era tanta su aflicción que ni siquiera se percató de mi presencia. Mi corazón de flor me decía que esta no era una mañana cualquiera y no sé por qué pero ese presentimiento me hacía extrañamente feliz.
No sé cuánto tiempo había pasado cuando de pronto apareció El. Yo no lo conocía, pero recuerdo que una brisa me había traído un día noticias de un tal Jesús de Nazaret y en ese instante tuve la certeza de tenerle delante, como nunca imaginé que lo tendría.
La joven continuaba allí; cuando se percató de su llegada lo confundió con mi jardinero, entonces muy turbada le preguntó ‘Señor, si tú te lo has llevado dime dónde lo has puesto’. El la miró con la misma ternura con que lo hace el jardinero en la mañana cuando descubre que ha nacido una nueva flor; más aún conociéndonos a cada una, a ninguna ha llamado nunca por su nombre. El la llamó 'María' y a ella se le encendió la mirada y también el corazón; prendida entonces de su cuello lo llamó 'Señor'.
Por un momento soñé que realizara en mi algún milagro, que me tornara más bella quizás, pero recordé que una vez él dijo que ni el mismo Salomón en todo su esplendor se vistió como una de nosotras.
Es corta la vida de una flor, por eso antes de perder el último de mis pétalos decidí contarles mi historia. Probablemente muchos la conozcan, mas no estuvieron allí para ver el sepulcro vacío, el llanto de la Magdalena. Nadie estuvo para sentir el aroma de la hierba mojada, la brisa que acarició el cuerpo del Señor resucitado; tampoco para escuchar la música de sus palabras. Por eso creo que El me ha concedido un milagro, el milagro de vivir y morir junto a su sepulcro vacío.”
Comunicar esta historia es para mí una satisfacción, quiere ser homenaje a la vida, al discípulo fiel y valiente, a tantas personas buenas que iluminan con su fe sencilla y alegre muchos rincones oscuros de nuestra tierra, como en aquella 'mañana primera' de la semana.
* “Jesús aparece a la Magdalena. Noli me tangere”, Fra Angelico (1387-1455), Florencia.
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