El perdón de Cristo
JESÚS AMA Y PERDONA EN EL EVANGELIO
Todo comenzó con una pregunta difícil que san Pedro dirigió en una ocasión al Maestro. Su pregunta interrumpió la explicación de cómo acoger al pecador y mereció una conocida respuesta por parte de Jesús de Nazaret.
- Maestro, si mi hermano me sigue ofendiendo ¿cuántas veces le tendré que perdonar? ¿hasta siete veces?
- Pedro, siete veces no, setenta veces siete.
Fue una suerte para Pedro esta disposición del Nazareno a perdonar siempre y pudo comprobarlo. San Pedro le negará en público al menos por tres veces. Dirá abiertamente que no lo conoce, que no quiere saber ni tiene nada que ver con él. Pedro mintió por tres veces, mentiras que saben a miedo y traición, que serán pronto perdonadas sin ninguna dificultad.
¿Qué había ocurrido para llegar hasta ahí? Pedro primero se envalentonó y luego se acobardó, fue literalmente un cobarde al verse en peligro, traicionó la amistad y la confianza de Jesús de Nazaret. Traicionó tanto o más que Judas el traidor, lo que dolió a Pedro que lloró amargamente. Se avergonzó de sí mismo y hasta de haber nacido.
¿Será posible perdonar a Pedro? ¿Se perdonará Pedro a sí mismo? ¿Es posible perdonar a Judas? También podrá ser, si Judas quisiera el perdón. Pedro tuvo la oportunidad que esperaba junto al lago “señor, tú sabes que te quiero”. Judas desesperó, Pedro confió y colaboró, hizo lo que pudo, no quiso morir de tanto dolor y pena.
- Vengan a mí y descansen los que están rendidos y abrumados, que yo les daré respiro.
- No estoy aquí para juzgar y condenar, sino para salvar.
Al apóstol Pedro le ayudó el recordar lo ocurrido con la mujer adúltera, que fue empujada fuera, maltratada y condenada por gentes que practicaban la religión, tan a punto de ser apedreada. Pedro vio cómo Jesús la protegió y defendió, se interesó por ella y le invitó a marchar en paz diciéndole, ‘aunque todos te condenan, yo no te condeno, no temas pero no peques más’.
San Pedro supo también que Jesús desde la cruz pidió perdón para los soldados que lo crucificaron con tanta violencia, disculpándoles. Comprendió entonces que nada estaba perdido, que Jesús perdona siempre.
- Perdónales, Padre, porque no saben lo que hacen.
Pedro esperó impaciente, pensando para sí, 'Jesús tiene un gran corazón, no me acusará ni rechazará, mas qué me dirá'.
- Pedro, ¿tú me amas? ¿me amas más que los otros? ¿de verdad tú me quieres?
Esa será la cuestión, mirar si quedaba amor a pesar de todo. No sirve el creerse más y mejor que los demás, ni verse por arriba, más discípulo ni más valiente. Pedro le dijo, Señor, ni más ni mejor que otros, simplemente te quiero, cuenta conmigo como al principio, si tú quieres ya más nunca te dejaré, con tu ayuda.
Volver a empezar, empezar de nuevo, es necesario empezar de cero. Pedro aprendió a perdonar como había sido perdonado, sin condiciones ni muchas explicaciones, generosamente. El perdón de Jesús de Nazaret lo curó y rehabilitó, le enseñó a ser comprensivo y misericordioso con todos.
Cuando se enteró de estos sucesos, cuentan que Nicodemo, un discípulo de la última hora, comprendió y rezó así:
Tú no quieres, Señor,
la culpa oscura ni el abismo del resentido,
no quieres ver rechazado a Pedro ni malherido,
tú sólo quieres la paz, el abrazo y la fiesta del perdón.
Háblame, Jesús, y viviré,
como nacer otra vez,
mírame y recobraré el ánimo,
sanaré que tu mirada me basta,
tú sabes que yo también te quiero.
* “Cristo y Menas”, Icono bizantino siglo vi (Egipto), Jesús y su amigo. El Rostro de Cristo expresa la satisfacción y la alegría por la fiesta del encuentro.
Tags: perdon amistad
Meneame |
del.icio.us


