Las Bienaventuranzas de Cristo
Debió de ocurrir en una soleada mañana de primavera. Las crónicas hablan de un lugar agradable y tranquilo, cuando Jesús de Nazaret habló largo rato a la gente que lo seguía desde hacía mucho. Es lo que se conocerá en adelante por el Sermón del Monte.
“El Evangelio es en cierto modo supraconfesional. El sermón de la montaña, por ejemplo, no tiene ninguna etiqueta confesional, renueva la existencia humana como tal y puede valer para todo el mundo” (Cardenal Martini). Conocemos asimismo la consideración que Gandhi dió al Sermón del monte y las Bienaventuranzas.
Con las palabras de este discurso, el Maestro Jesús quiso consolar y animar a unas gentes que veía cansadas y agobiadas por el peso de la vida y por las incertidumbres, sin apenas esperanza. También quiso invitar a la solidaridad y la compasión a sus seguidores que le preguntaban con frecuencia por lo que debían hacer.
Dirigió su mirada y su palabra a la gran diversidad de personas que le acompañaban. Al ver tanta gente, Jesús subió a un alto, se sentó y, mirando muy especialmente a sus discípulos, comenzó a enseñarles diciendo:
-"Bienaventurados los pobres en espíritu, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos”
-“Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia”
Son los que han dado cuanto tenían, se han quedado sin nada para sí. Sólo les queda su fe que ahora es Confianza y Misericordia. La satisfacción de saber que el Dios que les sacó de la esclavitud de Egipto, les quiere como una madre y ya nunca les abandonará. Son los pobres y necesitados, también los generosos y los confiados. No les faltará de nada en adelante.
-“Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados”
-“Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”
-“Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia”
Son los que lo están pasando mal por mil motivos, están sufriendo, pero el dolor no les encierra en sí mismos. La pena y la injusticia no les desanima, ni les quita la Paz; permanecen abiertos a la ayuda, al amor y al consuelo que pronto les llega. Viven su aflicción incluso agradecidamente, amorosamente al ver tanta gente buena. El dolor y la inquietud pasarán, llegará pronto la calma.
-“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”
-“Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”
-“Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos”
Son los que no pretenden grandezas ni buscan gloria para sí mismos, su intención es recta y sus deseos son limpios, sólo buscan el Reino de Dios y su justicia, el bien de las víctimas de la injusticia y de la violencia de los poderosos. Están dispuestos a pasar incomprensiones, acosos y rechazos, perdonando y sin echarse atrás. Sólo el Amor produce esta maravilla, son imitadores de Dios, son los ‘bienaventurados’.
* "Jesucristo Salvador" (detalle), El Greco (1541-1614). El Rostro de Cristo, 'manso y humilde de corazón', que mira apacible y complaciente a sus discípulos.
Tags: felicidad misericordia
Meneame |
del.icio.us


