La escritora británica Doris Lessing, de 88 años, no pudo estar por razones de salud este 10 de diciembre en Estocolmo para recoger el Nobel de Literatura, pero estuvo presente en el recuerdo de todos.
Entre las razones para el Premio de la Academia Sueca, está su análisis de una civilización fragmentada con escepticismo, pasión y fuerza visionaria. Su voz crítica resonó con fuerza el pasado viernes en el tradicional discurso del Nobel de Literatura ante la Academia Sueca.
Envió un brillante texto titulado “No ganar el Premio Nobel” que leyó su editor londinense. En él criticó la falta de oportunidades de las personas en los países pobres y la sobresaturación del mundo occidental.
La escritora aprovechó su familiaridad con África e India, para señalar la profunda brecha que separa un mundo en el que la mayoría tiene de todo con otro, en el que los más no tienen nada.
Habló de escuelas miserables con alumnos cuyas edades oscilan entre los 6 y los 26 años, en las que no hay libros, ni tizas y en las que hay un inusitado interés por la lectura. Alguna vez que estuvo de visita, le habían pedido que les enviara libros a su regreso a Londres.
Doris Lessing se refirió también a la inmortalidad de la creación literaria.
"Supongamos que las aguas anegan nuestras ciudades con la subida del nivel de los mares; el narrador permanecerá, porque es la fantasía la que nos enriquece, la que nos mantiene, la que nos crea, para bien y para mal".

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