García Lorca, su poema 'Crucifixión'
La "Crucifixión" según García Lorca, recuperada. Leo la noticia que es buena para el arte y la cultura, que transcribo aquí aunque con extrañeza en el suceso mismo y sus circunstancias (elpais.com, 27-11-07).
Es el largo viaje del manuscrito de uno de los poemas más queridos por su autor, e incluido en "Poeta en Nueva York", que finaliza en una sala de subastas londinense, rescatado finalmente por la Fundación Garcia Lorca y el Ministerio español de Cultura.
“Ese poema –le dice a su amigo Miguel Benítez- es de los mejores que llevará el libro", porque Lorca pensaba que Crucifixión era fundamental para su libro. El poema, fechado en octubre de 1929 en N. York, se ha visto envuelto en un halo de misterio, muy acorde con todo lo que es Poeta en Nueva York. Su aspecto original, con las cuartillas ya carcomidas por el paso del tiempo, le convierten en todo un objeto de deseo para los amigos de todo lo de Lorca.
Para los especialistas se trata de una pieza de museo y estudio, ante todo una composición poética maestra, compleja en símbolos y enigmas, de naturaleza, muerte y sangre, del universo onírico y del inconsciente lorquiano, unido al propio contexto social donde nace su libro...
He aquí algunos versos de su ‘Crucifixión’, también en homenaje al poeta.
La luna pudo detenerse al fin [por] la curva blanquísima de los caballos.
Un rayo de luz violeta que se escapaba de la herida
proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto.
La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban,
pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos.
Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente
ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas.
Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca.
Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos.
Un sastre especialista en púrpura
había encerrado a las tres santas mujeres
y les enseñaba una calavera [por] los vidrios de la ventana.
Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco
que lloraba porque al alba
tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja.
¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina!
¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxiden los planetas!
(...)
Tags: poesia
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