"SALIA DE EL UNA FUERZA QUE CURABA A TODOS"
Las palabras crean expectativas pero no cambian la realidad; las dificultades que las personas viven permanecerán tras los discursos. El mensaje puede ser promesa o profecía, si queda en palabras nada cambiará definitivamente; puede ser verdad o no más que un sueño, una idea que hoy luce y mañana se apaga.
Jesús de Nazaret encontró mucha gente enferma, triste y hambrienta, tantos necesitados de verdad, abandonados y sin esperanza. Por esta razón, los signos y los milagros son tan importantes en los cuatro evangelios, porque hacen visible la esperanza. Los milagros hacen realidad el sueño, son señales de un cambio.
Jesucristo cuenta historias y despierta ilusiones, pero su presencia y sus palabras cambiarán la historia de muchas personas.
"Miren, estas son las señales: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen y los muertos resucitan, los pobres son evangelizados."
-- Así, por ejemplo, las atenciones de Jesús con un paralítico, tirado junto al gran templo de Jerusalén, cambiaron la vida de ese hombre.
No sabía para qué seguir viviendo, hasta que finalmente alguien se interesó. O con el ciego de nacimiento, descreído y de todos los lugares excluído, como un maldito apestado.
“-¿Quieres curarte?
No tengo a nadie, señor, llevo tantos años.
Toma tu camilla y regresa a tu casa ...
-¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!
¿Qué quieres que haga por ti? Que yo vea de nuevo."
-- Asimismo con el leproso y muchos otros. Como lo ocurrido con aquella mujer tan cargada de vergüenza y de dolor, que se acercó desesperada a Jesús, y en secreto tocó el borde de su capa. Cuenta Nicodemo en su evangelio (apócrifo) que ella fue la mujer valiente que limpiará más tarde en la Vía Dolorosa el rostro ensangrentado del Maestro, ella será la Verónica.
“Tan sólo con que llegue a tocar su manto –pensó- quedaré sana.
Al instante sintió que ya estaba curada.
Vete en paz, has sido sanada por tu fe.”
El milagro ocurre siempre en el contexto de un encuentro, por una necesidad y un deseo comunicados, sucede un intercambio sincero entre Jesús y las personas. Finalmente renace la confianza, lo que parecía un sueño se hace realidad, crece la fe, se pensaba como imposible y pudo ser. La súplica de la gente y la palabra amable de Jesús lo hizo posible, todo cambió.
“Le dijo a la niña que pensaban muerta ¡Muchacha, levántate!
Al paralítico recostado ¡Levántate, toma tu camilla y anda!
Al ciego dirá, ¡Recobra la vista, tu fe te ha curado!
A Lázaro en el sepulcro ¡Sal de ahí!
A los discípulos ¡Denles ustedes de comer!
Y en el lago ¡Tengan valor, soy yo, no tengan miedo!”
Es la compasión, un amor cargado de sufrimiento compartido, que al ver la necesidad no pasa de largo, acude, imagina, ruega, acaricia, sana. La vida rebrota de la muerte, la alegría de la tristeza, es resurrección.
-- ¿Cuál será la condición para que todo eso suceda?
Para algunos se hace necesario creer, se le preguntará si tiene fe. Para otras personas en cambio el sufrimiento bastará para que Jesús tome la iniciativa y actúe.
En la mayor parte de las veces es regalo y pura gracia de Dios. Se siente una paz diferente, se adivina lo que va a ocurrir. La puerta se abre y aparece nuevo el camino. Se despejan horizontes insospechados, sin mirar más atrás, la vida por delante será como una bendición del cielo.
Ante la buena disposición de Jesús de Nazaret, como ante el cambio en tanta gente, todo tipo de reacciones es posible.
“¡Ha llegado el tiempo, el reino de Dios está cerca!
¡Hasta los espíritus malos le obedecen!
¡Un gran profeta ha visitado a este pueblo!
El leproso salió y comenzó a contar a todos lo que había pasado.
¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otro?
Todos se admiraron y alabaron a Dios diciendo, nunca hemos visto una cosa así.
Recobró la vista en el acto y lo siguió bendiciendo a Dios.
Los fariseos salieron y comenzaron a hacer planes para matar a Jesús.”
* "Cristo y la pecadora", detalle, L. Cranach el Joven (1515-1586). El Rostro de Cristo, interesado en explicar la buena nueva, la mujer pecadora salvada de la muerte.