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Categoría: maria magdalena

María Magdalena #9

nicodemo 21/11/2007 @ 11:51

En este relato más autobiográfico, Magdalena explica de dónde viene y cómo ha llegado a ser lo que es. Critica duramente el afán por fabular, propio de los primeros tiempos, publicando relatos falsos e interesados sobre Jesús de Nazaret o sobre ella misma.

Parece claro que María Magdalena fue salvada de la muerte gracias a la intervención decisiva de sus amigos más incondicionales, 'Mujer ¿nadie te condenó? Yo tampoco, vete en paz y en adelante no peques más'.

"MARIA MAGDALENA"

9.- CRECI EN MAGDALA

Escribo estas líneas por encargo, no para hablar de mí sino para explicarme sobre el gran maestro de Nazaret, para contar mi gran amor y mi pasión infinita por Jesús de Galilea.

Sé que habrán oído hablar y también habrán leído cosas sobre María la pecadora o sobre la hermana de Marta, de María la de los siete demonios y otras María, mujeres que aparecen en varios escritos conocidos. Yo no soy más que María de Magdala, la Magdalena.

En algunos textos escritos por los discípulos de Leví Mateo, leídos desde el comienzo en las asambleas, se habló de la Magdalena. Como en otros relatos más recientes, redactados por gente desconocida con otras intenciones y falseando nombre y contenido.

Era previsible que así ocurriera porque hemos pasado de los recuerdos vivos a los recuerdos escritos. Es el deseo de retener y no olvidar que lleva a algunos a contar muchas historias, pero no todas son igualmente ciertas. Dos vidas enteras no bastaran para contar lo que vieron y oyeron aquellos hombres y mujeres que convivieron los primeros años con el Jesús de Nazaret.

En verdad no creo que algunos últimos relatos perduren ni sean útiles para la enseñanza ni para la fe. El tiempo y nuestros grandes maestros sentenciarán. Escritos muy recientes sólo buscan conseguir gloria propia y recompensa o, lo que es más triste, descalificar a nuestro cristo y a sus seguidores, propósito repetido con frecuencia por gente que no sabe de lo que habla ni cree en lo que dice que cree ni tiene pensado creer en nada que le incomode.

Estos creadores de fábulas piadosas, a merced de los intereses de influyentes comerciantes, les aseguro que autores y manuscritos bien pronto serán olvidados, tal vez alguno quedará en la parte más alta de viejas bibliotecas o en sus cuartos más oscuros.

penitente_riberaMe dicen que sólo los discípulos griegos del joven Juan, el discípulo amado de nuestro señor, sólo ellos parecen acertar en lo que cuentan sobre mí.

Es verdad que desde muy niña habité en Magdala, muy cerca de Cafarnaun, a orillas del gran lago de Galilea. Los primeros discípulos me llamaron la Magdalena, para distinguirme de las otras mujeres que acompañaron a Jesús en Galilea y en su largo camino hacia Jerusalen.

En Magdala he crecido y he tenido mi casa. Allí sigue viviendo, dicen, un hijo de la mujer que me alimentó. Ella me educó al principio por encargo y con esmero, pero sin cariño. Hasta que un día, por celos y calumnias, siendo yo todavía muy joven casi una niña aunque no doncella, una fría y oscura noche de invierno fui maltratada y echada fuera a los caminos con esta condena escrita colgada fuertemente y a mi cuello encadenada que decía así ‘si regresa será apedreada y despeñada’.

Mucho más sobre mí nadie sabía, tampoco nadie preguntaba. Pero en verdad ni yo misma sé ni sabré nunca dónde nací ni quién me trajo al mundo ni para qué. A veces me gustaba pensar que alguien en algún lugar había soñado conmigo, me echaba de menos y me esperaba, pero nunca lo supe ni ya más nunca lo sabré.

Ahora mismo sólo me importa saber que alguien me abrió las puertas de su casa y me cobijó bajo su manto, que el buen pastor me amó y me rescató de las fauces amenazadoras de lobos feroces, que me libró de la noche oscura de la muerte muriendo conmigo, por mí y por todas las ovejas perdidas de Israel.

Pastor de verdad
pastor de mi vida,
ven hasta mí perdida
llévame hasta ti rendida.

Estas historias mías explican la amargura que habitaba en mi corazón huidizo, inquieto y temeroso. Porque en verdad hasta que conocí a Jesús mis días y mis noches los vivía sin vivir, sintiendo mi carne, mi alma y mi ser entero dolorido, penetrado de disgusto y envuelto en oscuridad.

La historia de mi pasado y mi situación respecto al sol, por el hecho de ser mujer, sirvió a otros muchos para dejarme fuera entre sombras de muerte en el silencio de la exclusión.

* “La Magdalena penitente” que presenta Jusepe Ribera (1591-1652), elegante cortesana y joven penitente, en actitud orante y expectante, refugiada en una cueva con su frasco de perfumes.

María Magdalena #8

nicodemo 19/11/2007 @ 09:23

‘El era la verdadera luz que ilumina a todo hombre’. La aventura interior de la fe está descrita por María Magdalena como una victoria de la luz, como un doloroso nacer de nuevo, también como un pasar de la muerte a la vida. Ella puede por fin confesar su fe total en Jesús, además de su loco amor por él.

Una conversión sincera y personal es una aventura, indescifrable e impredecible como la vida misma. Mujer muy anciana, viendo ya acercarse el final, trae a la memoria palabras y sentimientos que iluminen el último tramo de su vida.

“MARIA MAGDALENA”

8.- ESPERANDO SU REGRESO

Tras la muerte en cruz del maestro el sendero hacia la iluminación fue para mí largo y doloroso. Al fin creí en él con todo mi ser y le confesé como mi cristo y mi señor, como el viviente y la fuente de vida para siempre.

En efecto, los inviernos en los que la luz y las sombras se alternaban en mi alma fueron largos y angustiosos. Ahora sé bien que Jesús nazareno es mi señor y mi libertad verdadera, mi esposo, mi único amor, mi vida y mi todo. De verdad lo siento y lo vivo así. Es como quien tiene la certeza misteriosa de una nueva vida que le habita y palpita en su interior. El mismo Jesús utilizaba la imagen de la vida en el vientre de la madre para hablar de su proyecto de reino de Dios, como una vida nueva dentro de nosotros, que crece en nuestro interior y va madurando. Es necesario esperar pacientemente su misterioso curso natural en cada uno.

-'Miren, cuando una mujer dió a luz a su niño, no se acuerda ya más de la angustia, es tanta la alegría por la nueva criatura’
-‘He venido para que todos vivan, que no perezca ninguno que crea en mí’
-‘No está muerta, sólo duerme, tengan fe’

magda_botticelliYo sé que Jesús nuestro señor volverá para ultimar mi historia personal. Culminará así un costoso trabajo compartido de amor y de sufrimiento. Al final quedará el amor, sólo el amor.

Nuestra vida no es como una historia interminable que da vueltas sin fin o se desvanece sin futuro en la nada y el vacío. El punto final, la muerte, será el principio de lo nuevo, el triunfo de la misericordia y el amor. Así ocurrió en el propio Jesús, que fue el pionero de la nueva criatura nacida tras tanto dolor y sangre en la cruz.

Yo sólo espero ahora su regreso, su último llamado. Creo saber que, al verme penando por su ausencia, también esta vez se dirigirá a mí y pronunciará con determinación mi propio nombre.

-‘¡María!’
-‘Maestro, busco tu rostro’
-‘Mujer, tu fe te ha salvado porque amas mucho, ven en paz’

Mi respuesta quisiera ser tan decidida entonces como fue la del apóstol Tomás que dudó. De él cuentan que, en cuanto reconoció vivo a su cristo amigo, cayendo a sus pies rendido, apesadumbrado y entre sollozos, por fin le dijo:

-‘¡Mi señor y mi dios! Yo creo en ti, mi rey y señor’
-‘Tomás, hoy ha llegado la alegría a tu casa, porque estabas muerto y has vuelto a la vida’

Siempre contigo
ante tus pies heridos
ante ti contigo
mi señor y mi todo
mi amigo,
te adoro y te amo
todo tuyo
todo en tus manos heridas
siempre contigo siempre.

Con el paso de los años mi espíritu está en calma. La paz ha regresado a mi alma, vigila día y noche y ahuyenta todo temor. La luz se hizo paso entre las sombras, porque he llegado a este íntimo convencimiento, creo y espero firmemente que la muerte ya no es derrota sino victoria.

* "Llanto por la muerte de Cristo con santos", detalle, de Sandro Botticelli (1445-1510). Vemos a la Magdalena abrazando con gran cuidado y cariño el rostro de Cristo muerto, el cuerpo recién desclavado y bajado de la cruz por los discípulos.

María Magdalena #7

nicodemo 10/11/2007 @ 07:55

Conocemos las historias escritas o contadas, en códigos antiguos y en libros modernos, sobre los amores ocultos e inconfesables entre Jesús el gran maestro de Nazaret y María la Magdalena. Me temo que no sean más que eso, historias bien contadas e incluso supuestamente bien documentadas.

En esta segunda parte María Magdalena prosigue el relato prometido de sus recuerdos, situada ahora en el entorno de Mateo el publicano, su principal protector. Nos cuenta sus primeros pasos de acercamiento a Jesús de Nazaret. Resulta fácil descubrir que los dos se necesitan, en momentos de crisis tanto Magdalena como Jesús buscan el uno en el otro la acogida, el afecto y la comprensión que muchos otros les niegan.

"MARIA MAGDALENA"

7.- MI FE INMADURA

A mis jóvenes amigos yo les hablaba de Jesús Galileo, lo que sabía de él por mí misma, lo que me había contado alguno de los primeros discípulos, como Juan el apóstol o más tarde Leví Mateo y sus discípulos, cuando coincidimos en nuestro obligado éxodo…

Porque en las semanas posteriores a la puesta en cruz y la marcha definitiva del maestro, muchos seguidores del Galileo tuvimos que escapar y salir del país. Yo me uní al grupo de discípulos de Leví huyendo hacia las montañas del norte camino de Siria. Nos desperdigamos como pudimos en las aldeas de agricultores y de extranjeros a pocos días de camino de Antioquia la Grande. Aquella región fue nuestro refugio ante el continuo acoso de nuestros perseguidores, ahí donde desde entonces tengo la casa y mis cosas.

magda_guidoreniEn mi huída desesperada mis mejores maestros y compañeros fueron los discípulos de Leví Mateo el publicano. Ellos habían sido instruidos por el propio Leví y por algunos escribas convertidos que creyeron a última hora en Jesús nazareno. Estos discípulos siempre fueron muy amables y respetuosos conmigo, con ellos me familiaricé mucho y me ayudaron para no desesperar en la larga y oscura noche de la ausencia mientras duraba mi fe inmadura. Les debo mucho.

En verdad yo misma hablé pocas veces y no muchas palabras con el gran maestro Jesús. Le escuché con atención, le contemplé y admiré, pero sin acertar del todo con la hondura de su mensaje ni vislumbrar de lejos el gran misterio escondido de su persona. Le seguí algún tiempo después junto al gran lago por los caminos de Galilea, buscando en el buen maestro la paz y el perdón que a todos prometía. El ambiente que le rodeaba me complacía y el tono de sus palabras me tranquilizaba. No quería dejarle ya ni escuchar otras promesas.

Buscando la luz y la vida mía
te encontré mi amor y mi vida,
palabra de paz y presencia
peregrino de amor sin respiro
pienso y descanso contigo,
sueña y descansa conmigo
ya no señor sino amigo.

En aquel entonces yo me sentía perdida en la vida, extraña ante Dios y la religión, ante la persona de Jesús atraída por su presencia y su bondad, por las propuestas que a todos nos hacía. Sentía vergüenza de mí misma y gran confusión al verme en ocasiones despreciada y excluida, también por parte de alguno de los discípulos.

Yo notaba en cambio sobre mí la limpia mirada de Jesús nazareno que me buscaba y no me rechazaba, notaba el calor de su cercanía, agradecía sin fin su interés por mí y su acogida, sus palabras tan amables y su escucha.

-‘María, ven a mí si estás abatida. No temas, descansa’
-‘Maestro, te seguiré vayas donde vayas’
-‘No tengo donde reclinar mi cabeza’
-‘Déjame estar junto a ti. He de perfumar tus cabellos, ungir y besar tus pies, los pies del mensajero que nos trae la paz’
-‘Ven conmigo, si me sigues no andarás entre sombras, sino que tendrás la luz de la vida’

Como en tantas otras ocasiones, él continuó su camino al amanecer del día siguiente, buscando sin pausa otras ‘ovejas perdidas de Israel’. Yo deseaba con toda mi alma respetar su trabajo, sus compromisos y renuncias. Lo que él llamaba su ‘misión’ era su principal alimento, toda su vida y su gran pasión.

* “Magdalena penitente” de Guido Reni (1575-1642), mujer joven y atractiva, discípulo fiel y enamorado, que mira y suplica al Cristo de la cruz, 'ten piedad de mí', contenta por el cambio en su vida.

María Magdalena #6

nicodemo 07/11/2007 @ 09:16

Con este sexto relato termina en nuestro blog la primera parte de las conversaciones y reflexiones de Magdalena en su propia casa con unos jóvenes discípulos que quieren saber. En esta ocasión María desea explicar y disculparse presentando sus dificultades para creer, se muestra muy crítica con los que no quisieron creer. Lo que está en cuestión es la “resurrección” del crucificado Jesús de Nazaret, la realidad del sepulcro vacío y el encuentro de los discípulos con el maestro que vive de nuevo.

A pesar de las descalificaciones que su testimonio soportó por el hecho de ser mujer, no cabe duda de que María Magdalena fue testigo indiscutible y desinteresado de una y otra realidad, del nazareno muerto en cruz y del nazareno que vive, come y conversa. Es el contenido fundamental del testimonio y de la fe de los discípulos.

"MARIA MAGDALENA"

6.- ÉL VIVE Y REINA

Debo confesaros que, al recordar la larga espera de mi propia iluminación, mi cerrazón para entender la nueva realidad y cuánto costó abrir mis ojos ciegos y los de otros discípulos, reconociendo qué duras fueron mis entrañas hasta adorarle vivo, no entiendo cómo algunos sabios de Israel y también fieles creyentes que luego abandonaron, cómo pudieron pensar que todo fue una leyenda imaginada por una alocada mujer y unos discípulos atemorizados.

Cómo tanta luz derramada y tanta vida comunicada en tantas décadas, en muchas gentes y con tanto sufrimiento, cómo pensaban que pudiera brotar de unas pocas mentes iluminadas, tan oscurecidas y desconcertadas. Mentes entonces impotentes para imaginar, incapaces de soñar, sólo de penar y desesperar.

Algunos malintencionados y obcecados debieron querer justificar así su propia negativa a creer, culpándonos de dar cuerpo a una maravilla inimaginable para nosotros mismos, hombres y mujeres simples como los demás, mortales y frágiles como todos. Esta era la maravilla, que Jesús muerto no quedó en el sepulcro nuevo del huerto de fuera para siempre, sino que comenzó muy pronto a vivir con cada uno de nosotros una vida que ya no muere. Que él era ya vida, sólo vida.

-‘Yo soy la resurrección, yo soy la vida, crean en mí’
-‘No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar la vida’

Yo lo creo ahora firmemente y en verdad es así. Porque no os engañéis, no fueron tanto los días de su vida tan breve entre nosotros ni las enseñanzas del Nazareno lo que en definitiva importaba, sino su vida nueva, la vida que nos prometió a todos y que él adquirió tras su muerte en la cruz. Ante el acontecimiento de su puesta en el sepulcro y posterior desaparición, unos discípulos continuaron y otros marcharon regresando decepcionados a sus aldeas y ocupaciones habituales.

Después de tan horrible suplicio y muerte, si nuestro cristo no hubiera resucitado, entenderéis que la nueva fe de los discípulos quedaba vacía de sentido y sin futuro. ¿Quién va a declararse seguidor y apostar fuerte por un gran maestro de Israel que ha sido públicamente declarado infiel y blasfemo, maltratado y crucificado por malhechor y traidor?

fraangelicoEsos mismos sentimientos y reflexiones ocurrieron cuando conversaba con los jóvenes que me visitaron e hicieron tantas preguntas. Cuando me oyeron hablar de él como de alguien que vive, ¿no confundieron al resucitado con un fantasma o un sueño que aparece y desaparece, que vive al margen de nuestra vida real?

No fue así, Jesús vivo convivió y convive aún hoy como uno más, su presencia reconocida iluminó y transformó todo sin violentar nada, la certeza de su cercanía da sentido y trascendencia a una pequeña conversación o una comida fraterna, confundido entremezclado con lo de cada día. En esos instantes ya nadie preguntó, todos sabían, cada uno en su momento, que era él, que es nuestro señor.

El espacio y el tiempo se dilataban y a la vez se recogían para acoger la maravilla y facilitar su percepción en los que esperan y creen ¿cómo explicarlo sin romper el encanto de la nueva realidad? Aun con incertidumbres, debía cada uno hacer la experiencia y escuchar nuevamente su palabra:

-‘Soy yo, no teman, tengan paz’

Mis jóvenes amigos se demoraron en ocasiones en pequeños detalles sin importancia, historias del pasado que yo misma les había contado. Entonces yo detuve mi relato, les miré a los ojos y les hablé con fuerza, como queriendo sobresaltarles y despertarles de sus sueños.

- ‘Eso ya pasó ¿saben?’
- ‘Él vive y reina, volverá’
- ‘Tengan la seguridad, créanme, yo le vi y le pude oír y tocar’
- '¡El es nuestro señor!’

Ellos protestaban a mis palabras, y me urgían a continuar con mis historias y comentarios, yo respondí cada rato como supe a sus ansias de conocer lo sucedido. Cada uno quería llegar por sí mismo a mi misma fe de ahora, la que todo ilumina, la que yo tanto tardé en sentir, cuando finalmente se me abrieron los ojos del alma no pudiendo ya contemplarle de carne y hueso como antes.

* ”Jesús aparece a Magdalena, Noli me tangere”, Fra Angelico (1387-1455). En un paradisíaco jardín junto al sepulcro vacío, vemos a la Magdalena conversando con el jardinero. Ella busca el cadáver desaparecido, el jardinero es para el pintor y el espectador el mismo Jesús resucitado. El estilo hace ver la ingenuidad de los personajes y sus pretensiones. María al reconocerle quiere comprobar lo ocurrido con sus propias manos; Jesús hace ademán de alejarse, pero encarga a la mujer que comunique cuanto ha visto. Según el evangelio del discípulo amado, la Magdalena será la primera que vio el sepulcro vacío y al Nazareno vivo y hablándole.

María Magdalena #5

nicodemo 01/11/2007 @ 17:50

Estoy presentando en este blog unos relatos que ideé para rehabilitar el buen nombre de María Magdalena y de Jesús de Nazaret. Todos sabemos de qué estamos hablando. Cumple el autor su compromiso de darles publicidad por si alguien al pasar gusta leerlos, conocida la posible amistad entre Nicodemo y la Magdalena.

Con un mínimo de ficción, María Magdalena, desterrada y ya muy anciana, hace público su testimonio personal sobre el maestro de Nazaret. Más allá de sus sentimientos, afectos y nostalgias, está el mensaje mismo de Jesús, sus propuestas de nueva religión, la oferta de un nuevo camino para quien quiera seguirlo. Como vemos en este nuevo episodio, sus discípulos y la misma Magdalena no quisieran abandonar nunca al Galileo, ni en situaciones de crisis y peligro.

"MARIA MAGDALENA"

5.- CANSADO Y SEDIENTO

Estos jóvenes discípulos que me visitaban son los que más han contribuido a mantener frescos algunos detalles sobre el maestro, aparentemente insignificantes aunque para mí entrañables. Detalles no imaginados pero sí con el paso del tiempo recordados, soñando sin cesar y sin malicia por mi propia locura de amor y más tarde por mi fe ciega en aquel hombre.

Lo ocurrido en aquel entonces viviendo el Nazareno me parecía ahora más lleno de vida que nunca. Con la distancia de tantas Pascuas transcurridas, aquellos antiguos sucesos crecían sin cesar de tamaño y los vivíamos de nuevo en la casa mientras ardía nuestro corazón por el ambiente de búsqueda amorosa. No sólo recuerdos sino presencias, miradas y palabras entre Galileo nuestro señor y los discípulos que creen en él. Por eso entre nosotros escuchábamos y repetíamos una y otra vez sus preguntas y las nuestras:

-‘¿A quién buscan?’
-‘¿Eres tú el que ha de venir?’
-‘Vengan a mí, el Reino de Dios llega pronto’
-‘Id también vosotros a trabajar a mi viña’
-‘¿Quieres curarte?’
-‘Maestro, señor, quiero verte y seguirte siempre’
-‘Acércate y ven conmigo que soy la verdad y el camino’
-‘Señor ¿dónde vives?’
-‘Nuestro padre ya les quiere como a mí, no teman’
-‘Anuncien estas buenas noticias a todas las personas’
-‘¿Quieren marcharse de mi lado y dejarme para siempre?’
-‘Yo nunca les dejaré solos’
-‘Manténganse siempre alerta, no se echen atrás en tiempos duros’
-‘¿A dónde vas ahora, señor?’
-‘Confien en mí, vengan a mí, yo les mostraré el camino’
-‘Amense unos a otros y amen a los que no les aman’

samaritanaRecuerdo un día de verano al atardecer, el mismo Jesús cansado y sediento me esperaba en el patio de la casa junto al viejo pozo. Se dirigió a mí diciendo con voz cálida y apagada:

-‘María, quería verte, tengo sed ¿puedes darme un poco de agua de tu pozo?'

Sorprendida al verle y escuchar la súplica, le di a beber de mi jarra agua fresca recién pozada:

-‘Me alegro que estés aquí conmigo, me verás triste y perdida, porque la paz se ha alejado de mí, también yo te necesito ¿me darás a gustar, señor, tu amistad? ¿recuperaré la paz y la alegría? ’

Como era un día muy caluroso, nuestro señor Galileo quedó pronto dormido en la sombra junto al pozo sin apenas decir más. Yo mirando de cerca cantaba.

Siento la caricia de tu mano
el calor de tu mirada
que sana y reconforta
en el caer de la tarde
quédate hoy conmigo
abrazo de paz infinito
que acaba la luz y anochece.

Al día siguiente sus discípulos asustados llegaron en su búsqueda recién amanecido, le hablaron con preocupación y se alejaron con él a toda prisa.

-‘Las autoridades del Templo te buscan y te acusan de menospreciar su autoridad, de creerte un profeta y un mesías, tú ¿qué dices?’
-‘Vosotros ¿qué pensáis de mí? ¿quién decís que soy? ¿queréis marcharos de mi lado?’
-‘Peligra nuestra vida, pero no te dejaremos’
-‘Sed valientes, recorramos juntos el sendero estrecho y escarpado que lleva a la luz, la verdad y el amor. No me dejéis’
-‘Tú eres nuestro señor, el cristo de Dios’

Sus seguidores más incondicionales le aman, le siguen y le adoran como su rey y señor, así ocurre con los grandes maestros y profetas, cuánto más tratándose de nuestro adorable y buen maestro Jesús Galileo. Tan grande era nuestra locura por él y por su mensaje, que estábamos dispuestos a entregar nuestra vida entera, hasta morir con él si fuera necesario.

* En la imagen "Cristo y la Samaritana", de Bernardo Strozzi (1581-1644). Encuentro y conversación sincera junto al pozo, que sacia la sed de ambos de conocerse mejor y el deseo de ayudarse en sus dificultades. El resultado de ese primer acercamiento será una relación de amistad para siempre.

Una composición similar expresó el poeta español Gerardo Diego (1896-1987) en estos versos:

Apoya en mí la cabeza,
si tienes sueño.
apoya en mí la cabeza,
aquí, en mi pecho.
Descansa, duérmete, sueña,
no tengas miedo del mundo,
que yo te velo.
Levanta hacia mí tus ojos,
tus ojos lentos,
y ciérralos poco a poco
conmigo dentro;
ciérralos, aunque no quieras,
muertos de sueño.

María Magdalena #4

nicodemo 28/10/2007 @ 08:18

'Les escribimos lo que hemos oído y hemos visto con nuestros propios ojos, les anunciamos lo que hemos contemplado y tocado con nuestras manos, para que estén unidos con nosotros' (1ª carta de Juan). Las visitas y conversaciones que María Magdalena mantiene con unos jóvenes discípulos, hacen que recupere la alegría y crea rejuvenecer.

Desde su gran fascinación por la personalidad de Jesús de Galilea, María quiere comunicarnos su experiencia. Llena de amor y nostalgia, sueña con nosotros por regresar en el tiempo y verse de nuevo junto al maestro de Galilea.

"MARIA MAGDALENA"

4.- FRESCOS RECUERDOS

Los jóvenes de los que les hablé venían a mi casa algún atardecer en el último invierno. Me buscaban con interés, buscaban luz y calor, también el calor de mi hogar y de mi propia hoguera. Me contaban que los rabinos habían hablado de mí en sus comentarios al nuevo camino que Jesús Galileo proponía. También escucharon los pareceres de algunos vecinos ya ancianos y de su propia familia. Muchos hablaban de la Magdalena, pero estos jóvenes querían oír y conocer por su cuenta para tener su propia versión y opinión.

Alguno de ellos ya había sido bautizado en secreto, otros no parecían tener la intención de hacerlo, al menos por el momento. Todos me manifestaron su interés por conocer más detalles sobre Jesús de Nazaret. Conversaban y discutían entre ellos y me preguntaban abiertamente sobre él, a pesar de que durante mucho tiempo y aun ahora mismo sólo nombrarle es arriesgado.

ultimacena_davinciJóvenes y fuertes como eran cuando venían ayudaban a esta mujer que cada día amanecía un poco más torpe y con menos fuerzas. Las muchachas ponían a menudo cantando un poco de alegría, orden y limpieza en mi pequeña casa. Todos ellos ponían también orden aun sin saberlo en mis recuerdos y sentimientos con las muchas preguntas que allí me hacían.

Mi alma entera y también mi cuerpo se alegraban al observarles y escucharles, todo mi ser rejuvenecía. Siempre a la búsqueda del verdadero amor, su afecto, caricias y simpatía me conmovían íntimamente, lo confieso ahora sin reparo. Siendo el rostro de mi alma mucho más trasparente de lo que yo quisiera, los visitantes advertían pronto lo que en mí sucedía. Sonreían con bondad al notar tan a flor de piel mi sentir y mi necesidad, hambre de buen amor y satisfacción por su presencia y juventud.

Esta gente amiga llegaba hasta mi puerta con pequeñas excusas, pronto venía cerca de mí frente al fuego que nos calentaba. Juntos soñábamos abrazando nuestras manos, al poco despertábamos sintiéndonos personajes que vivían en otro tiempo con el Galileo y con sus discípulos, en un mundo que nos encantaba a todos, un mundo de ensueño y bienestar.

Eran muy jóvenes y no me resultaba difícil poner en marcha sus sentidos de dentro, imaginando y contemplando para que viesen y tocasen, que oyesen y hasta notasen aromas y sabores, ‘ven, amigo mío, acércate, cuéntame’. Yo les iba llevando de la mano poco a poco hacia el Nazareno que les atraía con fuerza. Les veía familiarizarse con sus bellos ojos y su semblante agradable. Sin haberle visto ya le amaban, como si en verdad le hubieran conocido. Las palabras y hasta los gestos del gran maestro les hablaban a ellos directamente. Seguían paso a paso el camino que marcaba mi discurso, con frecuencia entrecortado por el recuerdo y la emoción, ‘señor mío, amor mío’.

Junto a ti
amor
todo es belleza,
tras de ti
mi vida
vuelo sin tregua,
sin ti
bondad suma
sólo tristeza.

Al contemplarle con detalle y ahí detenernos quedábamos fascinados. Nuevas curiosidades venían a nuestro espíritu. El rostro de Jesús, toda su figura, aparecía ante nosotros limpia y luminosa, resplandeciente. Una delicada melodía de paz, una armonía interior desconocida, brotaba en cada uno contagiándonos sin saberlo nuestras propias sensaciones. También ellos asombrados descubrían mis sentimientos personales, mi íntima ansiedad enamorada.

En nuestro espíritu, y también en nuestro cuerpo, recibíamos una suave conmoción, afectuosa y honda, que estrechaba la comunión entre nosotros.

* En la imagen un detalle de “La Ultima Cena” de Leonardo Da Vinci (1452-1519), donde grupos de discípulos reunidos a la mesa con Jesús discuten entre sí y preguntan al Maestro, inquietos y asombrados por lo que está sucediendo. Algunos han creído ver a la joven Magdalena entre los discípulos presentes, cerca del discípulo amado.

María Magdalena #3

nicodemo 23/10/2007 @ 15:13

En estos cortos relatos es la misma Magdalena quien, recordando y meditando ‘entre la luz y las sombras’ y con el paso del tiempo, quiere contarnos lo sucedido en un tono suavemente confidencial. Ahora nos confiesa su oscura soledad: los primeros discípulos y amigos del maestro de Nazaret ya han desaparecido. Ella sospecha que únicamente Juan el discípulo amado vive todavía, viejo, ciego y desterrado.

Nostalgia y melancolía expresan en este tercer relato la tristeza de vivir propia de un alma en sombras. ¿Qué le está ocurriendo a María Magdalena, anciana ya y enferma, que nos habla tan dolorida? Se le hace larga la espera y ya sólo desea reunirse finalmente con su señor muy amado, 'Mira que peno por verte, / y mi mal es tan entero / que muero porque no muero'.

"MARIA MAGDALENA"

3.- MI ALMA EN SOMBRAS

Pensándolo bien os diré que las propuestas de estos jóvenes me satisfacían íntimamente, al mismo tiempo que en verdad me inquietó regresar a aquellos años primeros ya lejanos. También me preocupaba acertar con lo que ellos buscaban, yo quise ofrecerles lo mejor de cuanto esperaban de mí. Ellos me vieron como compañera de camino, con una experiencia personal que les atraía y a la vez les podía ser útil. No quisieron andar solos en su decisión de acercarse al maestro Jesús.

Estos jóvenes no lo supieron ni podían adivinar que aun siendo mujer aprendí algunas cosas a escondidas. Desde muy niña me gustó dibujar y escribir como podía los contornos y colores de mi alma solitaria, dolorida y ensimismada. En tiempos pasados este monólogo conmigo misma me alivió del peso del silencio, y también me hizo más llevadero el misterio del mal de mis adentros. Creí dispersar las sombras que siempre me acompañaron si me adentraba más en ellas por este camino. También me gustó cantar antiguos poemas y hasta inventarlos y escribirlos yo misma porque hay momentos en los que el corazón sintiéndose libre consigue así expresar mejor sus enigmas, sus más íntimos sentimientos.

Ahora que me encuentro más conmigo y más quieta por esta ancianidad mía tan larga, creo entender mejor las razones que estos jóvenes me daban para convencerme porque en buena parte eran también las mías. discipuloamadoEsto es lo que ocurre, que no todos piensan ni hablan igual del gran maestro de Galilea. Con el paso de los años se oyen decir de él y también de mí misma y de otros discípulos cosas que no puedo entender, que me duelen y poco tienen que ver con la historia verdadera de lo ocurrido.

En verdad apenas quedan ya testigos de aquellos primeros años, una vez desaparecidos los primeros discípulos y seguidores, hombres y mujeres que conservaban impreso en su alma el mensaje tan atractivo y la figura tan amable de Jesús el Nazareno.

He sabido que el apóstol Juan aún vive, aquel joven y muy amado discípulo, siendo un poco más anciano que yo. Se dice que en su destierro pasa los días y las noches casi sin ver buscando su rostro, el rostro de su maestro amado. Los últimos días del más joven de los apóstoles transcurren mirando hacia ese cielo azul infinito que en el atardecer limpio y soleado de un día cualquiera de la semana, abrió a Jesús de par en par sus altas y estrechas puertas.

Ven ya nuestro señor,
mira mi corazón que abierto espera
vacío sin ti viviendo en sombras
mira no me canse de esperar,
que tan larga espera enferma
no se borre tu imagen y figura
no tardes más enamorado,
ven ya nuestro señor.

Los dos fuimos testigos privilegiados en Galilea de su partida y de su ausencia para siempre y de su nueva presencia. Ahora los dos esperanzados aguardamos pronto su regreso. El mismo maestro lo había anunciado reiteradamente, y lo habíamos oído proclamar a los discípulos mayores:

-‘No tengan miedo, voy a nuestro padre, tengan paz y esperen'
-'Volveré pronto para llevarles conmigo, confíen en mí’.

También a mí me ocurre como a Juan, que vivo cada anochecer en la espera del regreso de aquel lucero luminoso que aun alejándose no llegó a apagarse nunca del todo. Magdalena vive ahora preparándose con calma para ese misterioso reencuentro. Yo busco ahora su rostro sabiendo que la ilusión de verle de nuevo dispersará todas las sombras y amainará toda zozobra para siempre.

Le adivino llegar entre aquellas lejanas colinas por donde cada mañana regresa el sol y nos protegen de los grandes fríos. Entristecida a veces por tanta tiniebla no veo mis colinas ni tampoco el nuevo sol largas horas oculto entre oscuros y espesos nubarrones. Es a él a quien busco y llamo con todo mi ser cuando cantamos en nuestras asambleas y canto también para mí por mi propio consuelo en muchos anocheceres, buscando restañar con mi grito la herida de tan larga ausencia:

-‘ven ya nuestro señor’
-‘vivo sin ti viviendo en sombras’
-‘ven ya no tardes más’

* "Juan el Evangelista", icono griego moderno. Según la tradición Juan el más joven de los apóstoles, el discípulo amado, murió más anciano que todos ellos. En la imagen le vemos descansando sobre el costado del maestro, mas horas después estará junto a la crus con Mª Magdalena acompañando al crucificado.

María Magdalena #2

nicodemo 20/10/2007 @ 11:19

"MARIA MAGDALENA" #2

Las habladurías sobre la Magdalena, su relación afectiva con Jesús de Nazaret y con algún otro de los apóstoles, debieron existir "discretamente" desde los primeros tiempos. En este segundo relato aparece gente joven, sin prejuicios, que quiere conocer mejor y averiguar por su cuenta. Son discípulos y simpatizantes que no conocieron directamente al Maestro, no quieren ser menos que los discípulos que sí le conocieron. Ellos buscan testigos directos, quieren saber y María Magdalena se ofrece a explicarles. Ella será su instructora de palabra y también por escrito.

2.- JOVENES DISCÍPULOS

Estos jóvenes que acudían con cierta frecuencia a mi casa querían preguntar algunos detalles sobre Jesús para conocerle mejor. Querían mostrarme también su limpio interés por la persona del gran maestro desaparecido, como alguno de ellos le llamaba.

Sus deseos parecían sinceros, pero tal vez se equivocaban al sospechar que como mujer debía tener muchos secretos guardados sobre el nazareno. Por las preguntas que me hacían veía que deseaban entrar en los rasgos más personales y menos conocidos del maestro Galileo.

En previsión de que esos recuerdos míos pudieran desaparecer de mi vacilante memoria, no sólo querían oírme sino que me preguntaban si les permitía o si yo misma podía escribir lo que había visto y oído, anotando fielmente mi experiencia y mis reflexiones sobre el personaje.

martaymariaEstos jóvenes discípulos querían convencerme y me aseguraban que otros discípulos escribieron trasmitiendo noticias, hechos y palabras del gran maestro. Me explicaban con todo detalle que esos escritos iban extendiéndose rápidamente entre los seguidores, dándose a conocer también en mercados y sinagogas por ciudades y comarcas hasta lejanas provincias.

Me sorprendió y también me asustó esa súplica y urgencia que venía de ellos para que les contara o incluso pusiera en letras escritas mis recuerdos personales. Probablemente temían que en cualquier momento el sonido de mi voz y la luz de mi rostro se apagasen para siempre. También yo misma lo presentía pero sin temor.

Ellos me argumentaban que les parecía siempre iluminador lo que les contaba, que al oírme hablar sobre aquel hombre sentían como si él mismo en persona se les acercara y les hablase. Le notaban muy vivo en mis palabras, en el tono y en la mirada que las acompañaba y nos acariciaba. Que veían mis ojos iluminados y todo mi rostro transfigurado al evocarle junto a nosotros por el recuerdo. Tenían muchas preguntas que querían hacerme.

- ‘¿Qué opinaba la gente sobre Jesús? ¿es verdad que algunos le consideraban como un antiguo profeta que había vuelto a la vida?’
- ‘Todos dicen que amabas con locura al maestro Jesús, que te vieron hundida en un pozo muy oscuro y profundo cuando él murió en cruz, que te costó mucho superar tanta dolor’
- ‘¿Por qué crees que los discípulos no comprendieron lo ocurrido contigo? ¿por qué te reprocharon tanto tiempo esa relación afectiva tan privilegiada con el maestro?’

Está claro que estos jóvenes sospechaban, y así me lo confesaban, lo mucho que el Nazareno había significado y también ahora significaba para mí, aunque sin acertar ellos a entender el alcance ni la trascendencia de estos hechos. Al decírmelo yo misma me ruborizaba y durante unos segundos callaba confundida ocultándome de sus miradas. Me defendía así de sus comentarios y súplicas que a veces creía maliciosos.

Les decía que difícilmente mis sentimientos personales más íntimos podían contarse ni mucho menos ponerse por escrito. Que correspondía hacerlo a gentes mejor informadas que yo, con más grande autoridad y capacidad. En verdad no acababa yo de entender muy bien por qué su insistencia, sin duda creo ahora que bien intencionada, pero yo había crecido de natural desconfiada y retraída. En un momento dado debí suplicarles por favor:

- ‘¿Respetarán mis silencios y mi propia intimidad?’

Con los años que pasan, que van pesando cada día más sobre mis frágiles espaldas, acercándose mucho el final de esta vida mía, tal vez podría hacer un esfuerzo y atender los buenos deseos e ilusiones de estos jóvenes discípulos.

- ‘María ¿tú crees que nosotros llegaremos a conocer a Jesús, a quererle y seguirle tanto como tú?’

* "Cristo en casa de Marta y María", de Jan Vermeer (1632-1675). Vemos a Jesús que conversa en la sobremesa con sus amigos, dándose a conocer a los que escuchan con afecto y paciencia. A sus pies acude María atenta al invitado, tomó la mejor parte, olvidada por unos instantes de todo lo demás.

Maria Magdalena #1

nicodemo 16/10/2007 @ 07:52

También en mi nuevo blog, recién llegado, iré poniendo en el espacio unos relatos y leyendas que la Magdalena desea contarnos. Nada espectacular, sólo quiere explicarse en sus sentimientos más personales. Es una mujer ya muy anciana que pide tomar la palabra. Iré poniendo aquí de vez en cuando alguna historia ya publicada, otra nueva o reformada, y sobre todo imágenes de arte que nos acerquen y lleven a ver, escuchar y tocar... el misterio de dentro de aquellos personajes tan excepcionales.

El primer relato ofrece una aproximación al personaje principal y el entorno, dando algunas pinceladas sobre su manera de ser y el por qué de estos relatos que vienen rellenos de recuerdos y sentimientos. Magdalena quiere explicarse y está deseosa de llevarnos "ahora" hasta el Maestro de Nazaret, el amor de su vida.

"MARIA MAGDALENA"

1.- ¿QUIÉN ES JESÚS?

Muchas primaveras quedan ya atrás desde el día en que por vez primera pregunté y me respondieron que aquel hombre allí recostado era Jesús Galileo, el gran maestro de Nazaret.

Esto ocurrió en Cafarnaun en casa de Leví el publicano en el patio grande donde solía dar sus fiestas. Eran frecuentes y las hacía preparar con extremo cuidado. Gustaba de obsequiar a sus huéspedes con generosidad, y también a sus muchos amigos entre los que se encontraban hombres y mujeres de toda condición, de todas las edades en su mayoría jóvenes, con una gran diversidad en el origen y en sus creencias, también en sus gustos e intereses.

Aquel día señalado había acudido a nuestra fiesta el maestro Galileo, aparentemente como uno más entre los otros invitados, rodeado de discípulos y también de muchos curiosos. Yo estaba allí para atenderles y servirles, debiendo corresponder con mi trabajo al cobijo amistoso que Leví Mateo me ofrecía.

Ahora que presiento acercarse el final de mi vida, noto en mí la necesidad de recordarle vivo y de explicarme sobre Jesús Galileo al que conocí aquel luminoso día y al que en verdad ya nunca abandoné del todo.

Pregunté quién tú eras
dónde moras
a dónde tú vas
y si me amas.
Soñé tu llamado
imaginé qué yo hago
me voy contigo
sé que te amo.

magdacorotQuiero contaros algo de lo mucho que voy reencontrando escondido en los rincones de mi memoria, bien guardado en mi corazón. Porque he de deciros que yo soy María llamada la Magdalena.

No pocas veces me he descubierto dando vueltas a mis recuerdos mientras trabajaba en las labores caseras o giraba lentamente mi vieja rueca. Me refiero a estos fríos ya pasados cuando he notado los brazos tan pesados y cansados que sólo se entretenían poco en pequeñas cosas y siempre las mismas, sintiendo mi corazón iluminado pero mi mente fría y medio adormecida.

Algo imprevisto me ha hecho de repente despertar. Creyéndome oculta entre mis velos me veo de pronto sorprendida y descubierta, como observada. Me ha ocurrido que este último invierno se ha interesado por mí un grupo de jóvenes palestinos, galileos y samaritanos, con los que me he cruzado por los caminos y que más recientemente han llamado a mi puerta. Unos nacieron aquí tras las guerras, otros emigraron desde Judea, También algunos eran originarios de estas tierras y pueblos del norte.

Ellos se fijaron en mí, en mis entradas y salidas. Me observaban y, como si se hubieran puesto de acuerdo, me suplicaron que les hablara de Jesús, que ellos querían conocer mi versión sobre el Galileo.

Me preguntaron por mi manera de entenderle entonces en mi juventud y también ahora pasados ya tantos años. Esperaban de mí ayuda y compañía para conocer al gran maestro de Nazareth. Ellos quisieron comprobar si sus inquietudes e ilusiones, también sus muchas dudas y sombras, recibían por fin la luz que esperaban y que la fe les prometía.

- ‘Queremos ver de cerca a Jesús, queremos saber cómo pensaba, qué sentía, qué nos va a decir ahora’
- ‘Vengan a mi casa un día y conversamos. Yo les puedo llevar a su lado, junto a él, ustedes mismos observan y escuchan’

* "Gitana con Mandolina", de J.B. Corot (1796-1875), mujer tierna, bella y melancólica, así como imaginamos a la joven Magdalena.