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nicodemo

artes pensamiento religion
Gravatar“nicodemo no es mi nombre, es el nombre del blog, un personaje del evangelio del discípulo amado...”

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Categoría: maria magdalena

María Magdalena #19

nicodemo 01/02/2008 @ 10:52

Final de "MARIA MAGDALENA". Esta colección de relatos termina aquí, con la pregunta que se hacen los discípulos sobre el paradero final del Maestro de Nazaret ‘¿dónde está Jesús?’. Ellos, que viven aún 'entre la luz y las sombras', quieren expresar así su propia incredulidad e incomprensión, pero también la gran afición que tomaron a su persona y la significación de su mensaje.

La continuidad de las propuestas de Jesús estará asegurada por la fidelidad y las obras de sus seguidores, más que por sus palabras, su misma vida será luz encendida por siempre, porque ‘noche no habrá más, ni necesitarán luz de lámpara ni del sol, porque el señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos’

“MARIA MAGDALENA”

19.- ¿DÓNDE ESTÁ JESÚS?

Los discípulos mayores regresaron con prisa a la ciudad y así todos los demás tras ellos, por grupos y sin hablar apenas nada. Algunos comentaron que, aun temiendo por sus vidas, debían viajar al anochecer del día siguiente a Jerusalen. Otros marcharon de aquel lugar separándose del grupo por el momento. Nuevas dudas y temores reaparecieron en muchos, preguntando con inquietud:

-‘¿Dónde está Jesús? ¿Cuándo volverá?’
-‘¿A dónde iremos? ¿Le volveremos a ver?
-'¿Qué diremos si nos preguntan por el cuerpo?’

Vivíamos entre la nueva luz y las viejas sombras, en ese crepúsculo de incertidumbres que pronto tocará a su fin. En verdad los que habíamos presenciado la crueldad de lo ocurrido con Jesús pocas semanas antes, quisimos olvidar pero no fue posible. Yo sentí que mi alma entera temblaba todavía al recordar, cuando le veía así doliente aún y ensangrentado.

Ocurrió que días después le vimos de nuevo en Galilea, oímos su voz y comimos con él, y nos pareció soñar. Sólo el silencio pudo guardar el secreto de este misterio divino, escondido en nuestros pobres corazones, tan difícil de entender y de creer. Comentaron que debíamos dar a conocer esta buena noticia, pero la verdad es que no supimos qué hacer ni qué decir.

emaus-rembrandtEl primer día de la semana siguiente nos reunimos en una aldea próxima a Caná, en la casa de unos amigos del maestro Jesús. Todos supimos que allí nos esperaba nuestro señor, que debíamos ir sin que nadie nos llamara. Pedro y Juan nos hablaron de su último encuentro y conversación con Jesús Galileo, confesaron su fe en él con mucha seguridad y nos animaron a seguir.

Repartimos el pan como Jesús nos había enseñado. Ese día yo misma preparé de madrugada en la hoguera los panes que Pedro bendijo y repartió entre todos. Lo mismo hicimos con el vino y los peces que otros discípulos pusieron sobre la mesa.

-‘Tomen, es mi cuerpo para ustedes’

Eran sus propias palabras. En el momento del recuerdo hicimos como si nada hubiera cambiado, sabiendo bien que ya todo será diferente. Cantamos y danzamos largo rato mirando hacia el horizonte y con los ojos humedecidos, abrazados unos a otros en silencio, creyendo adivinar lo que cada uno escuchaba en su interior.

Yo soy pan de vida
tu vida entera
pan para el desierto
vida verdadera.
Pan que resucita
pan del cielo
en la vida en la muerte
yo soy tu pan de vida.

Vivimos en aquellos momentos varias bienaventuranzas a la vez y nuestra dicha fue completa. Nuestras dudas y preguntas enmudecieron por unos instantes.

-‘Qué bien estamos aquí’
-‘Quédate con nosotros, señor’

Hicimos esto mismo las semanas siguientes mientras nos fue posible, hasta que llegó el acoso a que nos sometieron las autoridades religiosas.

En estos encuentros celebramos la paz y la luz que nuestro señor Jesús Galileo nos comunicó, también recordamos su misma vida y su mensaje. La memoria y la comunión nos animó a continuar el camino y a vislumbrar un mundo diferente que él llamaba reino de Dios.

En los primeros tiempos sentíamos en nuestras reuniones la felicidad de la nueva vida. Supimos entonces que las viejas sombras de la muerte y del mal permanecerían, que vivimos todavía un tiempo que es mezcla de dicha y tristeza, de luz y de sombras, de vida y de muerte.

-‘No teman, saben que yo he vencido ese mundo de mentira, de falta de amor y de violencia’
-‘El dolor y la muerte están derrotados para siempre, no pasen miedo. Créanme, yo soy señor de vivos y muertos, ahora y por la eternidad que viene’

Sentí desde entonces como un hermanamiento extraño entre felicidad, amor y sufrimiento, como si en eso mismo consistiera la vida recién entregada, así por el tiempo y los años en adelante hasta que él vuelva.

Contentos cuando les acosen
expulsados y despreciados por mi causa,
felices cuando crean y esperen
vencida toda tristeza toda derrota,
descansen en la casa del reino en sus estancias,
gusten mi abrazo amigo abrazo del padre.

* “Los discípulos de Emaus” de Rembrandt (1606-1669). Unos discípulos regresan a su casa de Emaus muy decepcionados por los acontecimientos. Reunidos en la mesa con el compañero de camino, creen reconocer a Jesús resucitado cuando partió el pan al anochecer y ellos lo tomaron. Los rostros, el pan y la mesa, la habitación, todo queda iluminado y transfigurado por su repentina presencia.

María Magdalena #18

nicodemo 21/01/2008 @ 11:34

Entre los recuerdos de la Magdalena están los encuentros y las conversaciones amistosas entre Jesús ya resucitado y sus discípulos. Estos no salen de su asombro, junto a todos los presentes en la misteriosa cita de Galilea.

Tras las últimas recomendaciones, ocurre el relato de la escena final de Jesús en el teatro de este mundo, su misteriosa ‘ascensión a los cielos’, alejándose de la vista de los discípulos por el camino del sol poniente, dejando a todos sorprendidos y en una pasajera oscuridad, ‘ustedes son la luz de este mundo, una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse’.

"MARIA MAGDALENA"

18.- ENTRE LA LUZ Y LAS SOMBRAS

En este relato regresaré a Galilea en aquella luminosa mañana, cuando Jesús nos recordó estas palabras que todos pudimos oír:

-‘Sigan conmigo, que yo seguiré siempre con ustedes’
–‘Serán mis amigos, si hacen lo que les he encomendado’

Su mensaje se trasmitía a través de los diferentes círculos de amigos y discípulos. El joven discípulo amado y Juan Marcos, el hijo pequeño de Simón, nos contaron sus conversaciones con el maestro las semanas siguientes en varias asambleas.

Esa mañana los discípulos no oyeron del maestro de Galilea un mensaje nuevo; notaron la preocupación de Jesús por nuestro desconcierto y poca fe. En los rostros de unos veía desánimo y extrañeza, en otros temor e incertidumbre.

-‘Maestro, a dónde iremos si tú nos dejas. Quédate con nosotros’
-‘Mira que el día se aleja y está llegando la noche’
-‘No teman, yo estaré con ustedes cada día y cada atardecer'

cenagibsonJesús comunicó a todos los presentes que no debían preocuparse por él, que su vida estaba ahora en manos del Padre. Nos encomendó que cuidáramos los unos de los otros como él había cuidado de cada uno.

El nos buscó y curó nuestras heridas, confió en nosotros y nos dio su amistad. El contó con nosotros para realizar sus planes, en su trabajo pidió nuestra ayuda. Nosotros debíamos continuar y hacer el bien todos los días de nuestra vida.

El maestro Jesús nos suplicó que siguiéramos unidos, prometió que el consuelo y la salvación irán extendiéndose por todos los pueblos y regiones, también por otras naciones y hasta en tierras lejanas y desconocidas.

Nos pidió un esfuerzo y nos aseguró su ayuda, 'será necesario vencer cada día el peor enemigo, el egoísmo y la inmisericordia'. Sólo así el nuevo árbol del Reino que él plantó con tanto sudor y trabajo, crecerá y dará fruto sin cesar en los campos del mundo.

En memoria mía
haz tú lo mismo
mi amigo,
si ves malestar
acaricia y sana,
pon amistad
donde hay soledad,
si notas desaliento
mi paz y alegría,
amigo mío,
haz tú lo mismo
en memoria mía.

Nuestro señor Jesús nos invitó para realizar su proyecto, sin dejar fuera a nadie que deseara entrar en él. Unos discípulos comentaron:

-‘El maestro dice que todos notarán dentro de sí una fuerza de amor y un espíritu nuevo, una fe grande y una fortaleza para vivir su mensaje y llevarlo a otros'.
-‘Todos juntos darán mucho fruto, nos dice el maestro, él recuperó la vida para comunicarla a todos en abundancia’

Poco más tarde, llegado el atardecer, Jesús de Nazaret se incorporó y se alejó de nuestra vista caminando hacia donde el sol resplandeciente se ocultará. Llevó consigo a Pedro, a Juan y a otros dos jóvenes discípulos. Todos le recordamos así de camino conversando tranquilamente con ellos como en otras ocasiones.

Pasado un largo rato regresaron solos los discípulos, sin mirar siquiera hacia atrás. Nosotros, deslumbrados por la última luz del día, no percibimos bien el momento de su retorno, aunque a Jesús no le volvimos a ver. Cada uno de los testigos nos habló con estas o parecidas palabras, diciendo con insistencia:

-‘El maestro va de regreso a la casa del padre’
-‘Volverá pronto'
-'No teman, él nos quiere y no nos abandonará del todo’
-‘Nosotros vámonos ya porque anochece’

A Jesús nadie más le vio otra vez de la misma manera como aquel día ni las semanas siguientes ni nunca más tampoco.

¿Amado mío dónde te escondiste
dejándonos tan sin aliento?
¿A dónde dirige tus huellas
tan imprevista huida?
¿Volverá a nacer el día
si tu claro semblante ya no vemos?
Espera paciente
que voy a ti con prisa,
me guía el resplandor de tus pisadas
buscando cada noche
en cada sombra tu figura.

* En una escena de “La Pasión de Cristo” (Mel Gibson, 2003), entre luces y sombras, Jesús conversa con Juan el joven discípulo, ante la atenta mirada de Pedro y del espectador.

María Magdalena #17

nicodemo 14/01/2008 @ 10:55

María Magdalena nos acerca a algunas escenas y personajes de la Pasión de Cristo en Jerusalén, su rechazo y muerte, 'la luz vino al mundo y todos prefirieron la oscuridad a la luz’. Ella desea destacar que entre Jesús y sus discípulos creció una amistad y una fidelidad mutuas a toda prueba, que pudo comprobarse en los momentos más difíciles. Algunos seguidores nunca abandonarán del todo al Maestro, a pesar de las apariencias, dando la cara y exponiendo su vida por él.

"MARIA MAGDALENA"

17.- CERCA DEL CRUCIFICADO

Algunos vecinos de Jericó y de otras aldeas cercanas a Jerusalén estaban ese día con nosotros, incluso en los círculos más próximos al gran maestro. Subieron hasta Galilea buscando al maestro y para acompañarnos en nuestra pena y espera. Eran los que no olvidaron y creyeron viendo su cuerpo y su rostro ensangrentados, los discípulos de Jesús de la última hora, los que oyeron su voz y sus palabras al pie de la cruz.

Me refiero a aquellos mismos que fijaron atentamente la mirada en el corazón del Nazareno tan abierto que solo amaba y perdonaba, deslumbrados en verdad por ese manantial de salvación; son los que allí mismo al pie reconocieron sin temor que el hombre clavado en aquella cruz, Jesús de Nazaret, era hijo de Dios.

descendimiento_rubensAlguno de los viajeros fue guardia de la milicia del gobernador romano, otros del cuerpo vigilante en lugares de tortura y ejecuciones. Nadie sabía con seguridad quiénes de ellos creyeron y confesaron que Jesús era el Justo de Dios. Era pronto para manifestar abiertamente la gran iluminación recibida en aquellas horas tan oscuras.

Esa mañana al amanecer encontré a José de Arimatea cerca de Jesús, uno de los amigos de nuestro señor que conocí en Jerusalén junto a la cruz. El era de gran altura y fortaleza, creímos soñar viéndole como un ángel por su figura y juventud, un príncipe por sus ricas y luminosas vestiduras.

Parece que aún le vea en aquel atardecer, contorsionado y largo rato encaramado al madero, con aquel cuerpo tan llagado pegado al suyo, desclavando con gran cuidado sus manos santas, abrazado sin temor al ajusticiado, entornando los ojos abatidos del gran maestro mientras acariciaba con amor su rostro ya apagado. Yo misma al pie de la cruz contemplaba y asentía, mientras la dolorosa madre con los brazos abiertos hacia el cielo esperaba.

Este joven rico y valiente discípulo será conocido entre nosotros como José el de la cruz. Todos sentíamos por él un gran aprecio y veneración, yo especialmente. Se contó que el discípulo de Arimatea había conocido a Jesús un día en el camino ofreciéndose como discípulo, pero que atemorizado en aquel entonces por los riesgos y la exigencia del mensaje, no le siguió aún abiertamente.

Aseguraron haberles visto conversar con cierta frecuencia; entre discípulo anónimo y maestro galileo debió crecer una inolvidable amistad, desconocida para muchos, bien visible para todos aquel día junto a la cruz.

En pie
abrazados junto a la cruz abrazando
el madero, sus llagas y sus pies custodiando
los amigos en pie
allí clavados amando
en sangre purificados perdonados perdonando.

Cuentan que José fue uno de los primeros en conocer la gran noticia, recibiendo al maestro recién transfigurado en su propia casa de Arimatea. Sin duda nuestro señor quiso consolar y corresponder tanto desvelo junto a la cruz y en el sepulcro.

También quiero contaros lo que ocurrió en Jerusalén con Simón, el joven campesino de Cirene, que fue obligado por los guardias a llevar la cruz con Jesús, ayudando al Galileo a caminar con una carga tan pesada.

Este hombre bueno no pudo recuperarse ya del impacto tan fuerte que allí sufrió. Yo mismo fui testigo de lo que digo. Después de su obligado trabajo, Simón no consintió en dejar solo a Jesús sin ayuda y compañía. Debió ser obligado a retirarse y amenazado por la milicia, que quiso golpearle también a él si no desapareciera.

El joven Cireneo sintió muy dentro de sí la mirada amiga del maestro agradecido, fue tan grande el estremecimiento que padeció al presenciar tanto tormento, que en adelante le vieron como trastornado. Pocos años más tarde enfermó agonizando él mismo entre súplicas, sollozos y pesadillas. Según cuentan murió en paz abrazado con todas sus fuerzas a unos pequeños maderos en forma de cruz que encargaron hacer para ver de consolarle.

Parece cierto por lo que sé que una de las hermanas del de Cirene, la que cuidó de él y acompañó en su enfermedad y agonía, se unió pronto a las mujeres que servían en el grupo de creyentes de Jerusalén. En su nuevo oficio se ocupaba de consolar a los enfermos y los atormentados, también de acompañar a los sentenciados a muerte y los ajusticiados.

* "Descendimiento de la Cruz" de Peter Paulus Rubens (1577-1640). El grupo de discípulos, lleno de fuerza y piedad, hombres y mujeres cargados de dolor y de afecto, desclavan y retiran de la cruz el cuerpo ya muerto del Cristo. Vemos al discípulo amado y a Nicodemo, también al de Arimatea y la Magdalena, que recibe el cuerpo junto a la madre de Jesús y la hermana de su madre.

María Magdalena #16

nicodemo 07/01/2008 @ 08:46

María Magdalena, enamorada y creyente, no llegará a ser testigo creíble de la resurrección para sus contemporáneos, en tanto su propia manera de entender la persona y la misión de Jesús no entre en crisis.

Dejando atrás su propio interés y consuelo, Magdalena será una mujer nueva, apóstol y testigo privilegiado para muchos creyentes de su tiempo; se dice que ‘la percepción amorosa genera formas de conocimiento inaccesibles para quienes no aman’, y también ‘lo que les digo en la oscuridad díganlo a plena luz, lo que oyen al oído predíquenlo desde las terrazas’.

"MARIA MAGDALENA"

16.- ME MIRÓ SONRIENTE

Todavía he de hacerles por mi parte una confesión. Ocurrió aquella mañana soleada en Galilea al servir la jarra con el vino a los presentes, me hallé de pronto ante el mismo Jesús allí recostado. Quise llevarle primero el agua para lavar sus manos y más tarde acercarle el vino hasta sus labios, cuando allí me detuve, acaricié y besé con cariño las manos del nazareno.

El maestro Jesús me dejó hacer, me miró sonriente y me llamó por mi nombre, al tiempo que me dirigió un suave reproche, una vez más:

-‘Déjame ahora, he de ir a nuestro padre’
-‘La carne es débil y comprende mal. El espíritu está fuerte y nos lo dará a entender pronto’
-‘Les quiero, volveré más tarde y me quedaré con ustedes para siempre’

Mis propios labios acercándose a su bendita carne en aquel momento sólo querían expresar mi estrecha comunión con él, también mi dolor y mi contento, mi deseo de no perderle más.

De repente algo ocurrió en mi interior. Su rostro verdadero pareció desvanecerse ante mis ojos y por un instante le contemplé desfigurado aún y malherido, recién descolgado del madero, entre los brazos y rodillas de su bendita madre dolorosa.

Confusa y avergonzada regresé con lágrimas al lugar donde me encontraba. Algunos notaron lo ocurrido, pero esta vez no comentaron ni me reprocharon nada porque comprendían.

¿Qué había sucedido? ¿Mis prisas e impaciencias por verle y abrazarle? Más que creer yo sólo amaba, creía porque amaba, mas buscando sólo mi bien. Aprendí que mi fe deberá purificarse y pasará por noches oscuras de soledad y de muerte.

nolimetangere_correggioJesús continuó ese día un tiempo allí recostado, alternando su mirada entre el cielo y la tierra, conversando pausadamente con sus más próximos. Quiso animarles para que no abandonaran el camino, que siguieran juntos unas semanas más. A algunos los llamó para que se acercaran y él habló personalmente con cada uno.

Quedó claro que Jesús era de todos y para todos, que teníamos un lugar propio y privilegiado en el corazón grande de nuestro señor Galileo.

El día fue avanzando, los reunidos finalmente en aquel lugar fuimos numerosos, puestos en círculos cercanos alrededor de Jesús como en tantas otras ocasiones. Yo misma, acompañada por Leví Mateo y por otros discípulos, conversé y serví a ratos el vino entre los invitados, sintiendo en mí una gran alegría y claridad por su presencia.

Así nos quería Jesús, en pequeños grupos con la gente entremezclada, hombres y mujeres, niños, servidores y servidos, conocidos y desconocidos, pequeños y grandes, judíos y galileos, de los valles y de las montañas, discípulos y gente recién llegada, todos unidos cerca de él, compartiendo la vida, el pan y la palabra.

Recuerdo que la más pequeña de las hermanas de María de Nazaret se encontraba allí esa mañana con nosotros. Una hija suya aún muy niña quedó huérfana meses después y yo la recibí en mi casa. En mi huida y exilio atravesamos arroyos y colinas hasta llegar a esta región más al norte donde nos refugiamos.

Las dos vivimos juntas muchos inviernos hasta que ya joven mujer formó familia. Como una hija mía muy querida, su vida y su juventud me recordaban la mía tan desgraciada, pero su ánimo y su alegría me evocaban la nueva vida que Jesús nos prometió y que comunicaba a todos sin cesar.

Aquella mañana de sol en Galilea pudimos ver gentes de Judea que se acercaron al grupo buscando a Jesús. Algunas madres vinieron hasta nosotros con sus hijos más pequeños en brazos o enfermos en camillas. Con ellos fueron llegando también inválidos, leprosos y mendigos de la región. Llenos de esperanza hicieron largas jornadas de camino, porque se había extendido esta buena noticia: que nuestro señor Jesús de Nazaret continuaba curando y resucitando en los alrededores del gran lago de Galilea.

* “Noli me tangere” de A. Correggio (1489-1534). Dice el 4º evangelio que María Magdalena al oir su propio nombre reconoció a Jesús, que le dijo 'suéltame, aún he de subir al Padre'. El discípulo deberá comprender: todo ha cambiado desde la muerte y a partir de la resurrección, todo será diferente después de la ascensión de Jesús a la derecha del Padre.

María Magdalena #15

nicodemo 26/12/2007 @ 08:45

María Magdalena nos lleva al encuentro de Jesús crucificado, ahora ya resucitado, a quien podremos ver, oír e incluso tocar en estos siguientes relatos. Muchos discípulos están presentes, todos aparentemente ven lo mismo, pero no todos creen ver lo mismo ni creen de la misma manera.

La trascendencia del momento está envuelta en la sencillez del diálogo y la amistad; unos más confiados acompañan y consuelan a los que desconfían, se sienten solos y con temor, ‘él era la verdadera luz que ilumina a todo hombre’. Parece inverosímil, el amigo común ha muerto y sin embargo mucha gente continúa buscándole y viviendo de él.

"MARIA MAGDALENA"

15.- UNA MAÑANA DE SOL EN GALILEA

Quiero recordar bien aquel fresco amanecer en la mañana de un día cualquiera de la semana en que cada uno fuimos llegando al descampado en el alto donde nos habíamos dado cita. Entre los árboles y las colinas a lo lejos pude ya adivinar el punto donde iba a nacer el sol que pronto nos deslumbraría; esas primeras luces del día continúan aun hoy evocando la certeza de una presencia.

Muchos deseábamos ver de nuevo al gran maestro, el mismo de siempre pero diferente. En nuestros rostros aún podía adivinarse lo diverso que cada uno sentía, ilusión y confianza, dolor y desespero. Unos jóvenes discípulos contaron su discusión por el camino 'sólo era un profeta al que han hecho callar'; yo les ví ya en silencio a la espera de lo que hoy pudiera ocurrir.

El gran maestro llegó de camino conversando con Juan el discípulo y con la hermana de su madre. Tras de ellos venía Tomás el Mellizo con otros discípulos y algunas mujeres.

Muchos no supieron que Jesús estaba allí esa mañana entre nosotros como uno más y no le reconocieron. 'Todo ha terminado', dijeron con tristeza, que quedaba poco por decir y cómo estaban corriendo peligro en aquel descampado a la vista de todos.

Algunos comentaron la noticia de extraños sucesos en torno al sepulcro y al cuerpo del Galileo, 'nosotros vamos a creer la palabra de los primeros testigos del sepulcro sellado'.

Preguntaron por qué les habíamos llamado y por qué queríamos seguir juntos. Un grupo de discípulos regresaron a sus aldeas, dijeron tener muchas dudas y no creían lo dicho por unas mujeres ni tampoco el testimonio de algunos discípulos que parecían enloquecidos. Otros quedaron allí con nosotros y esperaron.

Recordé entonces con cierto desagrado que nadie creyó en aquella ocasión, aquel día primero de la semana, mi testimonio sobre Jesús al que yo había encontrado junto a la puerta del sepulcro. No supe explicar bien de qué estaba hablando, dejando al descubierto que en mi interior surgieron dudas y sospechas.

discipulospascuaYo conté cuanto había visto y lo que había oído, pero sin creerme lo que decía, no supe dar respuesta a las preguntas que los discípulos me hicieron. Medio aterrada y admirada, qué decir en aquel amanecer tan singular de la mañana primera. Yo repetí una y otra vez este mensaje a los discípulos encontrados en el camino:

-‘Yo le he visto y tocado, le encontré en el huerto y me habló, dice que nos espera en Galilea’

Aquella primera mañana, tan cercano aún el duro suplicio de la cruz, los discípulos vivían enteramente destrozados y atemorizados. Ellos me oyeron insistente mas poco convincente, perdida en una extraña alegría, fuera de mí. Juan el amado discípulo lo explicó de esa manera días después, queriendo disculparme y reconfortarme.

Este joven discípulo sí creyó en mis palabras, dio fe a mi anuncio y tomó ligero el camino del sepulcro. No dudó porque sabía. Esperaba encontrar pronto vivo al gran maestro, aun habiendo visto tan cerca como nadie su cuerpo sin vida en la cruz y después en el sepulcro.

He subido contigo a la montaña
he creído soñar
he visto, he oído,
al despertar desciendo
te veo, te siento
eres tú, Señor, tú eres,
mi alma cree,
a veces cree que te sueña.

En esta ocasión, sin embargo, en la soleada y fresca mañana de Galilea pasadas ya siete semanas, yo me encontré más en calma viendo a Jesús de nuevo con nosotros, hablando amablemente con unos y con otros, compartiendo en paz nuestra mesa. Ningún reproche, ninguna queja, sólo consolando. Vimos a nuestro señor pendiente de cada uno, ocupado en curar nuestras heridas y pacificar nuestros ánimos, diluyendo nuestras dudas y temores. Este fue el último día que algunos pudimos contemplar a Jesús entre sus discípulos.

Recuerdo que fue fácil adivinar las huellas de los clavos de la cruz en sus manos, cuando partió el pan y después repartió entre todos. Aquel pan que tanto significó para nosotros porque venía del mismo Jesús como en otras ocasiones y que al llenarnos de él nos saciaba por entero. Ese pan santo y bendito que aun ahora nos reconforta y recuerda que son señales de amor las huellas de la cruz que en él permanecían.

-‘Miren bien en mi cuerpo y toquen’
-‘Aquí están las señales del suplicio y de la cruz’
-‘Tengan fe, soy yo’

* "Juan y Pedro en la mañana de la resurrección", de Eugène Burnand (1850-1921), muestran el interés por contrastar la buena noticia que les comunicó una mujer llamada María Magdalena.

"Tú le encendiste en el corazón el fuego de un inmenso amor a Cristo,
que le había devuelto la libertad del espíritu,
y le infundiste el valor de seguirlo fielmente hasta el Calvario.
Incluso tras la muerte de cruz buscó a su maestro
con tanta pasión que mereció encontrar al Señor resucitado
y ser la primera que anunciara a los apóstoles la alegría de la pascua".

María Magdalena #14

nicodemo 17/12/2007 @ 08:47

La tercera y última serie de relatos nos cuenta los recuerdos de la Magdalena en diferentes momentos finales de la vida de Jesús de Nazaret, desde ‘cerca del crucificado’ hasta que marchó al cielo. Estamos hablando de unas historias ‘apócrifas y piadosas’ como tantas otras. En esta ocasión la mujer nos ofrece su propia versión de lo sucedido, suplicándonos que consideremos con benevolencia y no menospreciemos sus sentimientos, ella quiere aportar su parte de luz.

María denuncia la incomprensión y el menosprecio que vivieron tanto el Galileo como ella misma y nos recuerda cuánto le costó creer de verdad en Jesucristo por su gran desespero tras la crucifixión. Muchos sólo pudieron sobrevivir a la larga crisis gracias al amparo que unos a otros se dispensaron.

"MARIA MAGDALENA"

14.- UN AMOR NUEVO

Pocas semanas antes del final de su vida me acerqué más al maestro Jesús en Jericó y en Betania, muy próximos a Jerusalen. Esos últimos días yo caminé muy pegada a él hablándole de otro modo, también sintiendo su presencia y su palabra con otro ánimo y otros deseos.

Brotó en mí un afán desmedido por abrirle de par en par las puertas y ventanas de mi alma. Quise mostrarle mi amor y mi entrega total a él, quería decirle que su misericordia me cambió por dentro. Que mi vida entera le pertenecía porque a él se la debía. Tenía que darle a entender que su presencia y su mirada amiga me rehabilitaron, lo mismo que a muchos otros que le seguían y buscaron su ayuda y comprensión.

magdaencasadesimon_rubensMás tarde comprendí que mis gestos excesivos con el gran maestro y mi interés desmesurado por él, fueron incomprendidos y criticados por muchos, dando lugar a habladurías y leyendas fáciles de contar.

Desgraciados por el pesado yugo de la ley, hipócritas de mente maliciosa al imaginar el pecado ajeno, cargados como estaban de prejuicios legales y religiosos, prefirieron ignorar la sabiduría del amor verdadero, sólo interesados en juzgar y condenar al que era o sentía diferente. Murmuraban así llenos de su propia sabiduría:

-‘Si éste fuera cristo de Dios o profeta de verdad sabría qué clase de mujer le está tocando'

No acertaron a comprender, porque es oculto, el sufrimiento de un corazón roto, poco a poco recompuesto gracias al amor nuevo, generoso y limpio, como el que Jesús de Nazaret a todos nos comunicaba.

He de confesaros que fue después de los sucesos de Jerusalén cuando en verdad me interesé por el gran maestro, una vez crucificado y arrebatado de mi lado. Aquellos días y semanas interminables conversé con mucha gente que le conoció bien y le quería mucho. Yo pregunté a unos y otros, protesté cuanto pude por lo sucedido, quise pedir explicaciones, pobre de mí, loca por su muerte tan cruel.

Es verdad que no aguardé de inmediato fruto ninguno de aquel grano de trigo tan rico y fecundo echado por tierra y enterrado. Sólo estuve interesada en verle de nuevo. Notaba que ese hombre Jesús dejó en mí una huella honda mayor de lo que yo podía confesar, y que esa huella, convertida ya en abierta herida, dolía y sangraba sin cesar, ‘mi señor, quiero amarte siempre, no dejarte nunca’.

En aquellos días tan oscuros también conocí y estuve cerca de María de Nazaret la madre de Jesús, que estuvo siempre acompañada por su hermana menor, por el apóstol Juan tan querido por nuestro señor y por otros parientes juntados a ellos en esos días.

En la mirada tan serena y en la cálida voz de la madre era fácil adivinar su fe y su gran corazón. Todos sospechábamos que María conocía de primera mano el sentido grandemente misterioso de cuanto estábamos viviendo. Supimos que entre madre e hijo existió una íntima complicidad de la que muchos hablaban pero que nadie explicó.

Yo puedo asegurarles que los discípulos sentían por la madre de Jesús una gran veneración, aun habiéndola tratado en pocas ocasiones. Después de la muerte y de la marcha del señor a los cielos, algunas personas no quisieron ya separarse de ella, como si también ellos escucharan en el monte de la cruz aquellas misteriosas palabras ‘Juan, ahí tienes a tu madre’.

Con todos ellos conviví y conversé muchos días y muchas noches, todos los días que permanecimos ocultos por temor y duelo en la casa que Juan el más joven de los discípulos tomó prestada en las afueras de la Ciudad. Este discípulo era muy respetado por los jefes de Jerusalen y por alguno de los que juzgaron a Jesús Galileo, probablemente por su amistad con Nicodemo, maestro fariseo más tarde discípulo.

* "Cristo en casa de Simón", de Peter P. Rubens (1577-1640), refleja un ambiente recargado y tenso, los rostros afeados de jueces y espectadores, mas la belleza angelical en los sirvientes, en el rostro de Jesús y en la mujer que muestra todo su amor y agradecimiento.

María Magdalena #13

nicodemo 13/12/2007 @ 07:28

María nos cuenta en este capítulo los planes y las alianzas entre Jesús y Mateo para proponer un nuevo camino a sus contemporáneos, un camino lleno de contrariedades. Es evidente que la Magdalena debe sentir por ambos un gran aprecio y veneración, si de un modo o de otro parece deberles la vida.

Jesús, Mateo, la Magdalena, los tres son contemporáneos de unos sucesos por los que ellos mismos y sus propios seguidores se vieron acosados hasta la muerte y excluidos en toda la región y en otras provincias, saben bien que 'si me siguen deberán olvidarse de sí mismos y cargar con su cruz cada día'.

13.- EN CASA DE LEVÍ

Había comenzado a hablaros de Leví que aun siendo publicano fue honrado y hasta generoso en sus ofrendas al Templo. Gustaba de ayudar a los que se le acercaban y pasaban necesidad de pan o de protección. Acogía en su casa y sentaba a su mesa a gente de mala reputación, los excluidos de la sinagoga y del Templo. Tenía su propio manera de ver las cosas y de vivir la vida. En verdad era muy respetado por todos, no parecía tener más que amigos. Conocerle fue para mí una gran fortuna.

Leví Mateo no era un judío ortodoxo ni legalista estricto, como tampoco lo era Jesús Galileo. Por su oficio de publicano y por su reputación, Leví vivía una situación de excepción en la obediencia a normas y autoridades religiosas.

Mi amigo publicano y el maestro de Nazaret se entendían bien en sus frecuentes conversaciones, los dos coincidieron en lo que convenía hacer para renovar lo que ellos mismos llamaban la 'antigua alianza'. En más de una ocasión oí a Leví reflexiones como éstas:

-‘Es necesario caminar en la verdad y en el espíritu, sin tanto ritual y tanta palabrería. La gente reclama más compasión y más misericordia, menos sacrificios estériles’
-‘Nuestro Dios nos ha abandonado, todos sienten gran desespero y decepción. El Dios de nuestros padres les amaba, acompañaba y protegía siempre’
-‘El pueblo está buscando pan y libertad, sólo unos pocos tienen alimento en abundancia’
-‘El romano orgulloso que ocupa nuestros pueblos busca sólo su propio interés, menosprecia nuestra tradición y empeora la situación sembrando violencia’
-‘Las plazas y los caminos se llenan de día y de noche de gente abandonada, enferma, sin techo, hambrienta, moribunda, clamando al cielo sin descanso’
-‘¿Qué podemos hacer?’

sanmateoEsa era la pregunta que Jesús y Leví se hacían el uno al otro ¿qué podemos hacer?

Estando muy al comienzo de su predicación, el maestro de Galilea buscaba gente inquieta y generosa. Bastaría un gesto del gran maestro para que Mateo se embarcara en la aventura de seguirle incondicionalmente. Para Mateo se trataba de realizar por fin un sueño suyo muy querido:

-‘Maestro Jesús, quiero seguirte siempre, acompañarte en tu trabajo, vivir contigo y como tú para siempre’
-‘Ven conmigo, Mateo, déjalo todo ahora mismo y sígueme’

Los dos querían renovar la vida y purificar ese aire mortal que se respiraba, pero ¿cómo hacerlo? ¿qué planes tenía Jesús? Los dos temían el rechazo de las autoridades religiosas y la exclusión. Podían ver ya a lo lejos aproximándose la sombra del fracaso, pero también sentían con fuerza que una luz nueva clareaba en sus corazones y lo iluminaba todo.

-‘Y tú, joven Magdalena ¿cómo te encontraste entre estos grandes personajes de tu tiempo?’

Yo preferí mirar en silencio sin perder detalle, escuchar y aprender, pero sobre todo amé. Me junté cuanto pude a cuantos me abrían desinteresadamente las puertas de su vida y de su corazón, los que no me dejaron fuera a la intemperie. Como siempre, ahora más que nunca, mendigo del buen amor, ya cansada de tantos rechazos y menosprecios.

Mientras habité en la casa de Leví me ocupé de las muchas necesidades que allí había, tareas propias de una casa con tanto movimiento de gente, negocios e invitados. A veces el mismo Leví me pedía trabajar sobre sus pergaminos, debía cambiar en letras y números de Roma algunos escritos y documentos propios de su oficio. Los signos y dibujos que utilizan los romanos en sus documentos eran muy distintos a los nuestros y yo había aprendido desde muy niña a dibujarlos.

* "La vocación de san Mateo", M.C. Reymerswaele (c.1530), expresa la sorpresa y la satisfacción del encuentro decisivo entre maestro y discípulo.

María Magdalena #12

nicodemo 06/12/2007 @ 11:57

Prosigue María Magdalena en este relato con sus opiniones sobre algunas personas influyentes de su tiempo -San Pedro y San Pablo, San Juan Bautista-, sus diferentes maneras de pensar y sobre el lugar de la mujer en los primeros grupos cristianos, según el modelo de la sinagoga, excluida de funciones y espacios reservados sólo a los discípulos varones.

"MARIA MAGDALENA"

12.- NUEVOS SEGUIDORES

Lo ocurrido aquellos años, primeramente con Mateo el publicano que acabó discípulo tan incondicional, y poco después con Saulo el de Tarso al convertirse de perseguidor en predicador, fueron dos noticias que según mi recuerdo impactaron mucho en la sociedad de esos primeros tiempos.

Pero la noticia que más sobresaltó, extendiéndose rápida por los pueblos y regiones, fue la detención y ejecución en cruz del Nazareno, la desaparición de su cuerpo del sepulcro y lo que ocurrió después en Galilea, cuando mostrándose vivo ante muchos se alejó de nuestra vista, aunque ante muy pocos testigos.

Esto último es lo que más exasperó a las autoridades religiosas de Judea, el testimonio que dieron los primeros discípulos del Nazareno, ellos dijeron que tras la muerte en cruz vieron su figura y oyeron su voz en el camino, en casa de Tomás, cerca del sepulcro y también junto al lago.

El cambio tan brusco que dio Saulo de Tarso extrañó y dolió mucho en primer lugar a los que gobernaban la religión y el Templo, porque se sintieron grandemente burlados y humillados. El de Tarso era un joven rabino y fariseo muy distinguido, fanático de la ley rabínica y con mucha autoridad entre los altos dirigentes políticos y religiosos.

Es sabido por todos que Saulo despreció a Jesús Galileo tratándole al principio de apóstata e impostor. Después acosó a sus discípulos hombres y mujeres cuanto pudo y le dejaron. Él fue el causante principal de nuestra ruina, huída y primer destierro. Se decía que era enemigo de cualquier diálogo, siempre opuesto a un acuerdo de paz con los discípulos mayores de nuestro señor.

Dios le ha perdonado, yo también. Respeto su memoria aunque él no respetó la nuestra. Muy violento e intransigente se creaba problemas por todas partes. Cuentan que explicaba muy bien, aunque sólo unos pocos le entendían, por qué el Nazareno tuvo que morir en la Cruz. Tras su conversión y larga estancia en el desierto, es verdad que Pablo amó y siguió finalmente con toda su alma al Galileo crucificado, hasta morir como él, por él y por su causa.

pedroypabloA todos extrañaba el poco aprecio e interés que Saulo mostró en conocer el detalle de cuanto sucedió en Galilea y en Jerusalen. No valoró en su predicación ni el mensaje ni el testimonio de lo que Jesús hizo durante el tiempo de su misión entre nosotros, cuando recorrió cada uno de los pueblos de nuestra querida Palestina y de otras regiones y naciones cercanas.

Yo conocí a Saulo el fariseo antes de hacerse discípulo, pero no llegué a escucharle después del cambio. A pesar de sus muchos viajes y estancias en el contorno de Antioquia nunca manifestó a nadie el deseo de conocerme ni la intención de hablarme.

Era sabido, se comentaba aquellos años primeros, que ni Pablo ni el Bautista hicieron nada con su autoridad e influencia para comprender y aliviar la situación tan penosa e injusta que las mujeres habíamos de soportar. El buen maestro de Galilea se mostró en desacuerdo, y su modo de hacer era contrario a cualquier desprecio o exclusión.

La historia de los rechazos ha continuado entre los nuevos discípulos en algunos grupos y asambleas. He conocido mucha diversidad en la manera de vivir la vida, en las opiniones y ante las diferentes situaciones. Esto mismo ya ocurría entre Jesús de Nazaret y el Bautista, como en la distinta opinión de Leví o del apóstol Pedro sobre las mujeres que seguíamos a Jesús y lo que nos estaba permitido hacer o decir.

El grupo de Pedro siempre fue contrario a encomendar a mujeres convertidas la misión de evangelizar ni de palabra ni por escrito. También era diferente lo que explicaban sobre el amor y la compasión Saulo el fariseo convertido o Juan el muy amado discípulo. Mentalidades diversas, dentro de una nueva corriente de vida que irrumpió con Jesús el Galileo, en cuanto el Bautista fue encarcelado y más tarde decapitado por el infame y cruel Herodes.

Tampoco Leví Mateo pensaba ni actuaba como era habitual en su entorno, no menospreciaba a la mujer por el hecho de serlo, sino todo lo contrario. Soy testigo en mi propia vida de estas notables excepciones que eran de alta consideración y respeto por los menospreciados y maltratados fuesen hombres o mujeres, pequeños o grandes.

He de recordarles que el apóstol fariseo Saulo de Tarso tenía la misma edad que Jesús Nazareno, que vivió justo el doble de años que el gran maestro. Tal y como cuentan y está escrito, Pablo fue torturado y ejecutado en cruz, a la vez que otros muchos seguidores, en la gran calzada que acerca a la capital del Imperio en un lugar muy próximo a Roma.

Todos ellos murieron por mandato expreso de Nerón, en aquel tiempo jefe máximo de los ejércitos que ocupaban nuestros pueblos, señor de todas las tierras y gentes conocidas, endiosado emperador de los romanos, loco y sanguinario tanto como puedan imaginar.

Por todas partes persecución, muerte y cruz. Lo de Jesús pareció tener un rápido final, sin embargo no fue así: la vida y la verdad fueron abriéndose paso entre tanta amenaza y contradicción, Jesús acompañó nuestro camino cada día con el renacer de la esperanza, hasta hoy mismo que yo les escribo muy anciana, pasadas ya muchas Pascuas.

Nos dió confianza y fortaleza recordar algunas promesas atribuidas al entorno mismo del maestro de Galilea:

-‘Los rechazados por ser mis seguidores serán como faros de luz encendidos en la noche cerrada del mundo’
-‘Reinarán rebosando felicidad los que ahora lloran humillados y cargados de temor’
-‘Yo estaré con ustedes cada día hasta el final de este mundo. Si se mantienen fieles yo seré fiel, no les dejaré solos y haré todo nuevo’

* "San Pedro y San Pablo", El Greco (1540-1614), presenta a los dos grandes apóstoles con sus rasgos propios. En san Pablo, la dureza del rostro del sagaz intelectual, orador brillante y escritor apasionado, en san Pedro, apacible y manso, dispuesto a comprender y perdonar, que lleva en su mano izquierda las llaves que abren y cierran la Iglesia.

María Magdalena #11

nicodemo 01/12/2007 @ 08:37

'El que enciende una luz no la oculta o la pone debajo de la cama, la coloca en un candelabro para que todos vean la luz’. En este y en el siguiente capítulo María Magdalena nos ofrece su parecer sobre algunos personajes de su tiempo: Juan el Bautista, Pablo (Saulo) de Tarso, el apóstol Mateo (Leví) el publicano, Pedro el apóstol.

En aquellos años, desprestigiadas las religiones tradicionales, nuevos caminos y otras mentalidades van entrando en escena. En esa diversidad de maneras de pensar, a la Magdalena le preocupa la marginación tradicional que sufre la mujer de su tiempo, también por parte de alguno de los discípulos y en algunas asambleas cristianas.

“MARIA MAGDALENA”

11.- LA LUZ DEL PROFETA

Mi recuerdo de Leví Mateo el discípulo publicano está lleno de amistad y gratitud. El me acogió en su casa cuando abandoné Magdala y me refugié en Cafarnaun. Él me quiso, me ayudó y me respetó siempre. Fue él mismo quien algún tiempo después me presentó a Jesús y me explicó su fe loca y su admiración por el gran maestro de Galilea, reacción que yo entonces creí excesiva y pasajera. Sus discípulos acompañaron años más tarde mis noches oscuras y mi desconsuelo en los primeros tiempos de este largo destierro. Comprenderán que también a él le debo la vida.

Leví fue siempre fiel a sus amigos, a sus creencias y convicciones. Por eso su total cambio de vida en cuanto decidió finalmente seguir al maestro me impactó largo tiempo. El recordarle y el traer aquí su decisión irrevocable me anima también en este momento a seguir adelante.

Estoy convencida que la ‘derrota’ de Leví Mateo fue un triunfo muy importante para la causa de Jesús. La decisión que tomó mi amigo publicano de seguir tan incondicionalmente al de Nazaret interpeló a muchos, porque Mateo era una personalidad relevante y prestigiosa, en aquel entonces muy influyente incluso en los ambientes más ortodoxos de Jerusalen.

Muchos notables y gente de bien en la rica comarca galilea, sintiéndose cada día más distanciados de aquella religión hueca y sectaria, se interesaron con curiosidad por las propuestas nuevas que el Nazareno hacía, como antes aprobaron la oferta penitente del profeta bautista en el Jordán.

bautista_jjuanesSobre Juan el Bautista les puedo decir que yo nunca simpaticé con él ni con sus seguidores, a causa de la dureza de su mensaje y de su estilo atemorizador. Aun así este controvertido profeta reunía junto al gran río a multitudes que caminaban perdidas en el frío desierto de la religión de su tiempo, calentaba los ánimos y curaba en aquellos tiempos las heridas de tanto superviviente.

-‘Vendan sus bienes, que el reino de Dios se acerca y su vida no depende de los bienes que tengan, si no todos igualmente perecerán’
-‘Repartan sus ropas y su comida con el desnudo y el hambriento, porque ellos les juzgarán, les salvarán o condenarán eternamente’
-‘Los que ahora sufren y están tristes serán pronto consolados’

Nuestro gran maestro Jesús, que en un primer momento se presentó como bautista, alabó en gran medida y públicamente al predicador del Jordán, tanto como si tuviera contraída con él una deuda personal.

Algunos piensan con razón que de no haber sido pronto encarcelado y ejecutado, la estrella del Bautista del Jordán se hubiera ido ocultando y apagando ante el sol resplandeciente que era Jesús de Nazaret, ante la personalidad y las nuevas enseñanzas que difundía el joven maestro de Galilea.

Los discípulos bautistas explicaban según parece que el mismo Juan en su predicación bautismal anunciaba ya abiertamente lo que estaba por venir:

-‘¿Saben esto? Ocurrirá necesariamente que Jesús de Nazaret, su persona y su gran mensaje, avanzará y yo me detendré’
-‘Conviene a todos que yo me aparte para dar paso al que es cristo de Dios y viene de parte suya, al que muchos esperamos y buscamos. El sanará nuestras heridas y perdonará nuestros pecados’
-‘Una gran mayoría del pueblo y los principales dirigentes religiosos le van a rechazar con abierta hostilidad hasta el final’
-‘Créanme, sólo le seguirán unos pocos pastores y agricultores, algunas mujeres y un grupo reducido de comerciantes y de pescadores que serán sus discípulos. Estos se mantendrán fieles al cristo hasta el final, incluso en la persecución y hasta morir por él'

* Final de una época, “San Juan Bautista” (Juan de Juanes? 1529-1579) concluida su tarea, señala y presenta al que llamará "Ecce Agnus Dei", 'cordero de dios que quita el pecado del mundo', manso y humilde, continuador de la propuesta de cambio y orden nuevo comenzada junto al Jordán, uno y otro portadores de la cruz del rechazo y de la muerte.

María Magdalena #10

nicodemo 26/11/2007 @ 15:01

'Quien tenga sed que se acerque a mí, quien crea en mí que beba, de sus entrañas manarán ríos de agua viva’. Magdalena se esfuerza en explicarnos el manantial y la fuente de donde brota fresca como agua viva su fe. Lo que nosotros llamamos 'fe', ella la describe como un encuentro y una relación que dejan huella, una íntima entrega que transforma e ilumina, una experiencia de mutuo amor y compromiso.

"MARIA MAGDALENA"

10.- UN RESCOLDO ENCENDIDO

Jesús el maestro debió notar en mí un gran desarraigo y dolor cuando me miró compasivo aquella vez primera. Se fijó en mí y yo en él, porque las heridas del alma dejan huella en el rostro y él siempre acertaba a encontrar la más pequeña y la más dolida de entre todas las ovejas.

Los enfermos y los abandonados buscando cobijo se acercaban a él y él a ellos. Siempre era así. Y el encuentro se convertía poco a poco en una fiesta íntima y restauradora, que permanecía después imborrable. ¿Qué creen que es la fe sino un vivir enamorada de esa primera llama encendida y de su rescoldo nunca del todo apagado? Rescoldo que de pronto se convierte en hoguera de paz y de amor, regalo por la espera.

mujeresindiaEs la fe de los comienzos, la que desencadena todo, aunque más tarde cargada también de incertidumbres. La huella que deja ese primer encuentro es la luz que nos acompaña en la búsqueda y en la duda, nos guía entre cañadas oscuras y va madurando y dando sabroso fruto cuando está limpia de amores propios, vanos temores e intereses. El amor primero celosamente guardado y cultivado, ese primer encuentro que lo es todo, fiesta, luz, melodía, manantial, hoguera...

Es cuanto quiere expresar esta súplica entrañable tantas veces repetida que resume bien mi mayor deseo.

-‘Señor, quiero amarte siempre, no dejarte nunca’.

Por eso siento que es arriesgado pensar o decir ‘tengo fe’. Es sólo un modo de hablar. Vamos creyendo día a día pero de diferente manera, esperando y amando cada vez más de otro modo. La vida de nuestros verdes campos es así en primavera, que siendo la misma es siempre nueva. La experiencia de la fe es también como un manantial oculto de donde surge en ocasiones una insospechada fuente de agua limpia y transparente que refresca y restaura todo.

Esto mismo sucedió en mí cuando estos jóvenes discípulos me acercaron hasta las esquinas más difíciles de mi propia alma, me llevaron a descansar allí curando y a veces recuperando sin dolor cicatrices de mi pequeña historia personal.

Los abrumados por un mal incurable fuimos llamados por el mismo Jesús para consolar a los que sufren y lloran. Nos encomendó acoger y sanar, llevar a todos hasta la luz de la verdad, que no juzga ni castiga sino que libera e ilumina.

-’Sólo los misericordiosos recibirán la misericordia'

Habíamos aprendido que creer en aquel hombre justo era amarle y seguirle de corazón, en espíritu y en verdad, no sólo con los labios. Seguirle era vivir con una mente y con un corazón iluminado, haciendo realidad sus palabras.

-‘Yo soy la luz del mundo’
-‘Acérquense a la luz, no teman, vivan como hijos de la luz’

También ahora queremos seguirle sin dejarle nunca, pecadores aún y suplicantes. El nos libró de nuestra ceguera, nos devolvió la confianza en nosotros mismos y nos puso en camino. Así como cuentan de aquel mendigo ciego que en las puertas de Jericó oyó pasar a Jesús de camino y al oir que le hablaba, enloqueció de alegría, pareció olvidar su ceguera y puso ya todo su empeño en sólo amar y seguir al Nazareno.

Seguir tus huellas
como ciego curado en el camino
sin manto ni sandalias
cantando por valles y colinas,
sin monedas ni pan ni vino
solo contigo
al calor de tu figura amiga
que sientes y adivinas.

Jesús ponía cada día ante nuestros ojos la nueva realidad. Todo seguía igual y sin embargo nos parecía diferente, porque la noche, la enfermedad y la muerte perdían ante él poder y vigencia. La vida rebrotaba nueva en los desanimados y los abandonados cuando el buen Galileo les acogía con tanto respeto y cariño al verles así tan rechazados y excluidos. A todos inspiraba confianza y los resucitaba.