"UN SOLDADO LE ABRIO EL COSTADO CON LA LANZA"
:: La pasión de Cristo es pasión de dolor por la gran crueldad y sufrimiento que soportó, mas ante todo es pasión de amor por el gran amor que comunicó.
¿Cómo puede un ser humano llegar a causar tanto dolor y sufrimiento en sus semejantes? ¿Cómo puede el odio aliado con el poder y la fuerza producir tanta destrucción y muerte? ¿Es cierto que el romano invasor era especialmente cruel con el extranjero y el esclavo?
¿Qué decir de las prisiones secretas, de entonces y de ahora, de la tortura inconfesada, la humillación y el desprecio de la vida del prisionero o del indefenso? ¿Qué justificación o explicación encontrar? ¿Qué especie de utilidad redentora se dijo que pudo tener tanto dolor e injusticia?
:: Al menos aquella pasión y juicio puso de manifiesto que el odio, la envidia y la venganza, pronto o tarde, de un modo o de otro, al fin son siempre causa de ruptura y herida, de sangre y muerte. Que sólo el amor y la compasión nos salvan de la muerte y resucitan.
Al menos aquella pasión de Cristo puso de manifiesto que Dios tiene corazón, que el Dios del que habló es Padre que no deja solo al abandonado y maltratado; que a pesar de las apariencias él permanecerá siempre junto al que sufre y lo pasa mal, que vendrá pronto para limpiar su rostro, para librarle de la muerte y restablecer la dignidad perdida.
Parece que algunos oyeron a Cristo rezar desde la cruz, un murmullo con versos de salmos.
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Te invoco de día, y no respondes, de noche, y no encuentro descanso, no hay nadie para socorrerme;
Todos mis huesos están dislocados, mi corazón se ha vuelto como cera y se derrite en mi interior; se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica;
El no ha mirado con desdén ni ha despreciado la miseria del pobre: no le ocultó su rostro y lo escuchó cuando pidió auxilio.
En tus manos encomiendo mi espíritu. Señor, ten compasión de mí; mi vida está en tus manos."
:: La pasión de Cristo fue larga, duró toda su vida, en cuanto conoció el dolor o la ausencia de sus seres queridos, cuando vio llorar a los niños o penar a las madres, cuando oyó a lo lejos el lamento del leproso y el grito del hambriento.
Sus entrañas se conmovieron con frecuencia por el sufrimiento de sus semejantes, su corazón sangraba, sus labios callaban, sus ojos lloraban por la amenaza, la enfermedad incurable o la muerte de sus amigos.
La pasión de Cristo continúa ahora en tantas personas abandonadas y desesperadas, excluidas o humilladas, en la pobreza y muerte indignas, en injustas condenas, en las ideas perseguidas;
mas también la pasión continúa en la fidelidad de muchos al amor solidario, en el perdón ofrecido, en la compasión sin condiciones, en el buen samaritano de cada día y de cada hora, en el via crucis de las calles en algunos barrios de muchas ciudades.
Fluye sangre de tus sienes
hasta cegarte los ojos.
Cubierto de hilillos rojos
el morado rostro tienes.
Y al contemplar cómo vienes
una mujer se atraviesa,
te enjuga el rostro y te besa.
La llamaban la Verónica.
Y exacta tu faz agónica
en el lienzo queda impresa.
Gerardo Diego, Via crucis 6
* Icono de la Santa Faz o Acheropita, representación del Rostro de Cristo, s xvi, "restablecida la imagen desfigurada en su original dignidad, unida ya a la belleza divina".
** "Una furtiva lágrima", Nicoletta Tomas.